Un rosario de engaños

La Revista

Una mañana de la primavera de 1918, la religiosa Elena Chávez Delgado pensó irremediablemente en su muerte. Mientras firmaba su testamento pensaba sobretodo en su creatura: el colegio Nuestra Señora del Rosario que ella había ayudado a levantar en el Fundo Lambramani, de su propiedad.

Tenía otras propiedades: una casa en el 124 de la calle Muñoz Najar, otra casa quinta en el distrito de Tiabaya, calle del Rosario, dos chacras en el distrito de Paucarpata, una en el pago Porongoche y la otra llamada De La Capilla. El rosario de bienes serviría para sustentar al colegio y, mientras sus hermanas de congregación se mantuvieran con vida, ellas lo administrarían. Luego la responsabilidad recaería en una junta administradora presidida por el Arzobispo, e integrada por el Prefecto, el director de la Beneficencia, el presidente de la Corte de Justicia y el cura del Sagrario.

La junta de administración comenzó a funcionar en 1957 con el nombre de Fundación Colegio Nuestra Señora del Rosario. Hoy, medio siglo después, no queda ninguna de las propiedades, salvo una porción reducida del colegio.

Contra la voluntad de la donante, todos los terrenos y propiedades fueron vendidos progresivamente por el Arzobispado de Arequipa, mientras el terreno del colegio se redujo de 25 mil 197.00 m2 a tan solo 7 mil 500 metros cuadrados….

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