¿A DÓNDE SE FUE HUMALA?

La columna

 

No hay ninguna razón de estado ni de seguridad que justifique la detención del alcalde de Espinar, Oscar Mollohuanca, líder legítimo de una población con derechos, equivocados o no, sobre el territorio en el que viven. Menos aún se podrá justificar –ni ahora ni después- su traslado a la ciudad de Ica para cumplir una pena de prisión de 5 meses, contradiciendo expresamente un derecho fundamental contenido en la Constitución.

Pero en el país del premierato de  Oscar Valdez, y su ciego credo por el “pragmatismo”, todo es posible.

Los últimos acontecimientos han terminado de desengañarnos sobre el hecho que el Perú, al fin, tenía un presidente, aunque no muy refinado ni cultivado, honesto, corajudo e íntegro. La verdad es que, Ollanta Humala es uno más de esos personajes que ambicionan ingresar en política para satisfacer sus anhelos personales. Llegó a presidente, ofreciendo y encarnando anhelos de una gran masa de peruanos pobres, excluidos, desorientados, esperanzados, con derecho a tener también ambiciones y soñar, aunque sea sólo dar de comer a sus hijos y una educación que logre sacarlos de ese estado de postración que, generación tras generación, arrastran como marca de nacimiento y de manera injusta. No hay visos de transformación alguna en ese sentido.

Más bien, su debilidad de carácter, su desorientación, su falta de recursos, su precariedad personal, se han puesto ya muchas veces de manifiesto. Desde que los mensajes los envía su esposa vía twitter; desde que mostró su incoherencia dejando ir al hombre que lo había venido acompañando mucho antes de ser elegido, Salomón Lerner; desde que –presionado por el gran empresariado minero- salió a dar su primer mensaje a la nación repitiendo el libreto de Conga Va; y desde que permite que el Presidente del Consejo de Ministros y su elemental lógica militarista, pretenda resolver todos los conflictos a punta de varazos, bombas lacrimógenas, detenciones, estados de emergencia y rudeza.

Su última manifestación, sobre que “la gran transformación se hará a pesar de los radicales”, no sólo peca de incoherencia y falta de lógica, sino de pensamiento básico, cinismo político y soberbia, al pensar que lo escucha una manada de tontos.

Aquí lo que está en discusión, ni siquiera es si Conga debe ir o no. O, en el caso de Espinar, si las operaciones de Tintaya son contaminantes o no. Todo eso podría determinarse, en el contexto y clima apropiados con decisiones técnicas, en base a datos creíbles y confianza en la solución. Pero es eso, precisamente, lo que falta y lo que hay que atacar. El gobierno y sus entidades supuestamente “técnicas” no tienen credibilidad, sus voceros no merecen la confianza de nadie y lo que genera dudas es la legítima preocupación sobre cuál es la motivación de fondo del presidente y sus ministros: ¿convicción interna, intereses, lobbys, presiones? , ¿o preocupación por el pueblo, como vanamente repiten cual letanía, sin convencer a nadie?

Contra lo que pueda parecer, yo sí creo que la minería puede aportar al país, que se puede convivir, bajo ciertas e innegociables condiciones con ese tipo de industria,  que el modelo económico neoliberal, sí tiene grandes ventajas frente al estatismo; pero no creo que deba convertirse en una religión, ni que debamos –en su nombre- fingir ceguera para no ver las colosales desigualdades que está generando en el país; y que el no intervencionismo del Estado es la panacea, pues la cuna del capitalismo, como son los EEUU ya se encargó de mostrar al mundo sus inconsistencias.

¿No era eso, de lo que nos quería convencer Humala a los peruanos, antes de ser elegido? ¿Es que ahora hay que repetirle ahora su propio discurso? ¿Dónde está aquel hombre que logró convencer a muchos que el equilibrio y no el extremismo (ahora él está en el extremo derecho) era posible?

Una respuesta a “¿A DÓNDE SE FUE HUMALA?”

  1. alexis dice:

    buen articulo.!!!….

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