Aquí no muere la sonrisa

La Revista Avatar

Buena cara. El oficio impone afrontar todo tipo de vivencias, relacionadas con la muerte.

¿Con cuántos muertos en la retina uno empieza a sonreírle a la muerte?Carlos Saavedra Herrera ve tres o cuatro al día, desde hace diez años. Cuando uno ve su sonrisa deslizarse impenitente por la sala de necropsia, podría imaginarse que carga el rigor mortis de una alegría. Pero su sonrisa es, más bien, inocente. Como la de un niño en una exposición de ciencias. Carlos trabaja hace diez años en el área de tanatología del Instituto de Medicina Legal. Para mejor entendimiento él es el último ser que puede decir que conoce a los difuntos por dentro, como nadie.

Carlos es médico internista, trabaja en la morgue y hoy su guardia empezó a las ocho de la noche. No han pasado ni veinte minutos desde que marcó la tarjeta y ya le acaban de informar que tiene que asistir a un levantamiento de cadáver en la octava cuadra de la avenida Jesús. En un hotel usualmente urgido de amores mercenarios y bailarinas de night club, con servicio al cuarto….

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