El entierro en los trigales

Sobre el volcán

Si hubiera levantado la voz desde el comienzo en lugar de callarme en todas las lenguas del mundo…”

                            (Vincent Van Gogh).

 “Jamás se ha llevado tan lejos la exploración de lo que fue Van Gogh”, dice George Duby comentando la biografía de VivianeForrester, (“Van Gogh, ou   l` enterrementdans les blés”). En este caso escribo sobre el pintor holandés teniendo en cuenta eso. Van Gogh es una mina  inagotable y siempre se seguirá encontrando nuevas cosas que aprender de él. Aquí sólo quiero hablar de sus dificultades en el aprendizaje y de su tremenda  constancia.

Se sabe de su genio pictórico, se sabe que se cortó una oreja (después del intento homicida contra su amigo Gauguin). Se sabe que era un loco maldito  de “espantosos modales”. Y hasta se sabe de su “pesado acento holandés”. Pero se sabe menos de su torpeza para aprender  y de su “enconada lucha” contra ella. Y aunque usted no lo crea, de “una evidente falta de talento”, como dice su otro biógrafo Herbert Frank. Duro de aprender. Van Gogh comenzó tarde a estudiar dibujo. Pero no solo tarde (27 años), sino con grandes dificultades y con una característica adicional terrible: Van Gogh era además de lento sumamente angustiado para aprender cualquier cosa. El mismo parecía saberlo. “Despues de un aprendizaje de casi 6 años seguía buscando el perfeccionamiento de su técnica de dibujo en la escuela de Cormon”. Él era el primero en reconocer sus defectos. Pero esto fue solo en sus años de aprendizaje, aunque fueran bastante largos.

Decir eso no es hablar mal de Van Gogh, no desmerece sino que aumenta su merecida fama de genio entre genios. Porque el genio parece convertir todas las desventajas en su contrario, o en desafíos o puntos de partida para viajes inaugurales e inéditos. Lo que no lo mata lo hace más fuerte. “La incapacidad de Vincent  para el aprendizaje contribuyó en gran medida a la originalidad que le iba a capacitar en sus años de maestro para realizar creaciones únicas”, dice Frank. Pero en sus años de aprendizaje “no demostró ninguna creatividad. Y, cuando por fin se apoderó de él el deseo dibujar, demostró ser tan conmovedoramente torpe que ni siquiera los consejeros de buena voluntad pudieron ver, en sus primeros apuntes, el más leve asomo de una promesa para el futuro. Pero con una tenacidad increíble y un afán sin igual estuvo trabajando en Bruselas, Nuenen,  La Haya, y finalmente en Amberes, hasta que su torpe mano comenzó al fin a obedecer las órdenes de sus ojos y de su espíritu”.

Y cuando digo constancia digo potencia. Quiero decir, capacidad de ser afectado y ser sensible a los más diversos afectos favorables. Esto es mucho más nítido en el genio, que es la expresión radical de la acumulación de energía y experiencia de muchas generaciones. Una bomba de tiempo. Algo que ciertos individuos sufren como una fatalidad que muchas veces pagan con su vida. Como  Vincent Van Gogh. Eso lo hace un artista heroico y un ejemplo multifacético e integral para los jóvenes de todas las edades. Van Gogh era un saco de desventajas puras y duras. Pero les saco la vuelta completamente gracias a su pasión, a su aterradora pasión por la pintura, su único medio de expresión, además de las “Cartas a Theo”, su hermano y marchand,su único cliente, su comprensivo y valioso amigo. (Por eso duermen juntos en dos hermosas como sencillas tumbas mellizas, completamente rodeadas de flores enAuvers sur Oise)

Después de Van Gogh ya no  quedan justificaciones que valgan, consuelos tontos, disculpas pueriles, explicaciones resentidas y demás, para legitimar la desidia, el desencanto, la poca o “poquita” fe, la viveza criolla y otros populares deportes nacionales. No hay ventaja ni desventaja. “Depende de cómo te lo montes”, dijo un amigo español.  No hay justicia ni injusticia. Hay azar,  libertad y destino..  Si pensamos en Van Gogh, ser genio no es una gracia, sino una irreprimible pasión por algo. Ser afectado verdaderamente por algo. Con esa pasión se puede “llevar la vida al máximo de potencia”, como enseñó Spinoza. Lo que encarnó tan completamente ese  loco sublime y maldito llamado Vincet… sin importar si fue “un pintor, un grito o la soledad misma”, como dice VivianeForrester.

Si uno quiere de verdad algo, es obvio que  tiene que luchar con todas sus fuerzas durante toda su vida por ello, hasta el último día,  como  todos los que quieren llevarla al máximo de potencia.

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