Entre Collaguas y Cabanas

Confesión de parte Luis Maldonado Valz

El 21 de junio fue un aniversario más de la creación de la provincia de Caylloma; y como en los pueblos andinos, las fiestas patronales son más celebradas que las efemérides cívicas, la fecha pasó desapercibida. Sea como fuere, para nosotros, los arequipeños, de nacimiento o de adopción, esta es una ocasión para constatar, la presencia cada vez más evidente, de la fuerza cultural e histórica del Valle del Colca, y reconocer a los pueblos collaguas y cabanas como nuestra más legítima raigambre regional, y de ello debemos estar orgullosos. En efecto, los collaguas y cabanas poblaron el Valle del Colca en un proceso milenario de 10 000 años, domesticando las montañas, el agua, la flora y la fauna, y modelando uno de los paisajes culturales más bellos del Perú con una extensa sucesión de terrazas de cultivo, haciendo fértil una zona árida e inhóspita; por ello, consiguieron establecer el mayor centro precolombino de los Andes suroccidentales; y por ello también, el Valle fue una zona muy disputada por los encomenderos, razón para que finalmente sea destinada para la corona. La Colonia significó una ruptura en el desarrollo territorial del Valle. Se establecieron las reducciones para controlar el tributo y la mita de la población, sometida a un sistema de servidumbre en las minas y en las haciendas. En 1539, en el Colca vivían más de 60 000 personas; tres siglos después quedaban en la zona algo más de 6 000. La mina de Caylloma, considerada la tercera más rica del Virreinato, y los latifundios del altiplano, se habían encargado de reducir la población de collaguas y cabanas a niveles endémicos. Con la República no mejoró la situación; la agricultura en el Valle se mantuvo en niveles de autoconsumo, y en la meseta altiplánica, a cuatro mil de altura, los comerciantes laneros, desde mediados del XIX hasta la actualidad, vienen explotando de la forma más vil a los pastores de camélidos, pagando precios irrisorios por la lana de alpaca. Esta situación ha sido bastante estudiada desde Franklin Pease con su monumental obra “Collaguas”, hasta Nelson Manrique en “Colonialismo y pobreza campesina”. Es vergonzoso cómo en siglo y medio de comercialización internacional de la lana, los productores continúen en la misma situación de pobreza crítica.

En el Perú, el centralismo y el sistema económico primario, ha subordinado totalmente el mundo rural, principalmente el mundo rural andino, que ha sido excluido de cualquier beneficio. Los grandes proyectos e inversiones en estas zonas han sido hechos con propósitos absolutamente exógenos. No hay un solo proyecto de porte con fines endógenos. En el Colca, hasta el Proyecto Majes fue ejecutado para beneficiar el tablazo costero sin ninguna compensación a la zona por el aprovechamiento de sus aguas. Incluso el desarrollo turístico ha reportado mayores beneficios a los operadores foráneos. Con apoyo del Gobierno Regional y de AECID se está concluyendo con un Plan de Acondicionamiento Territorial, que permita desencadenar un proceso de acumulación local y de evitar los conflictos socio ambientales que se dan en otras regiones. Es urgente formular e implementar planes de ordenamiento territorial; en ese sentido, opinamos como el padre Arana, cuando expresa: “Hasta cuándo, coño, vamos a aguantar esta situación”.

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