Firmitas, Utilitas y Venustas

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Marcus Vitruvius Pollio, más conocido como Vitrubio, fue el hombre que ayudó a clarificar el entendimiento de lo que es la arquitectura. En su obra “De Architecturae” (dedicada al emperador Augusto), encontramos el siguiente extracto: “…Partes ipsius architecturae sunt tres, aedificatio, gnomonice, machinatio (…,) Haec autem ita fieri debent, ut habeatur ratio firmitatis, utilitatis, venustatis…”.   Con esta última frase señalaba los tres elementos que deben componer toda obra arquitectónica: fortaleza, utilidad y belleza. Si bien no dijo en qué proporciones mezclar estos tres ingredientes fundamentales, la teoría idealista los ha asumido dentro de una lógica isovalente, sin inclinar la balanza por ninguno de los tres en particular.  La arquitectura vitruviana era, por tanto, resultado de una correlación de fuerza, utilidad y estética, las tres en un perfecto estado de equilibrio indicando, además, que esta trilogía debe observarse muy especialmente en toda obra pública, es decir, en todo aquello que se materializa mediante tributos e impuestos.

A pesar de su antigüedad -datada por el Siglo I A.C.- esta trilogía mantiene plena vigencia, constituyendo parte del ABC de la teoría arquitectónica también compartida -por qué no decirlo- con otras áreas del saber como la ingeniería, dado que no tendría sentido erigir obras de ingeniería civil al margen de estos atributos fundamentales; más aún, si reconocemos la estrecha relación que existe entre la praxis de la arquitectura y la ingeniería.

Curiosamente, algunas obras de arquitectura contemporánea parecieran estar dejando de lado el precepto vitruviano para dar paso a una suerte de neo reinterpretación valorativa, donde los pesos específicos de cada uno de los tres componentes aparecen deformados, distorsionados y caprichosamente subvaluados o sobrevalorados, según sea el caso o dependiendo del gusto del cliente; dando como resultado aberraciones arquitectónicas que no responden a la solidez estructural, funcionalidad y calidad estética que toda obra debería ofrecer. Edificios muy bellos pero poco funcionales, la arquitectura de hoy está, aparentemente, dominada –y tal vez esclavizada- por un excesivo compromiso en el componente venustiano que ve en la forma, el único y más importante atributo de la producción arquitectónica, por encima del resto de atributos vitruvianos. La forma “por la forma” o la forma “por la moda” son gruesas tergiversaciones arquitectónicas únicamente amparadas por una obtusa necesidad de vender una sesgada sensación de contemporaneidad y modernidad.

Peor aún cuando observamos como la praxis de la arquitectura aún no recupera su posición ideal en el justo medio entre la objetividad y la subjetividad, allí donde la ciencia y arte se dan la mano y se unen para generar la esencia vitruviana de la arquitectura. Preocupa la creciente frecuencia de casos que muestran una arquitectura cada vez mas subyugada por subjetividades y que la alejan, inexorablemente, de una objetividad con base científica, para ser simples objetos fruto del capricho, el antojo, la extravagancia, la incongruencia, y la insensatez; desde aquella humilde vivienda en un pueblo tradicional vestida con verdes cristales templados y enchapes cerámicos en su fachada, hasta impersonales cúpulas y domos que pretenden insertarse en cualquier parte de la ciudad, como si la ciudad fuese una tabla rasa que todo lo puede soportar.

Esta primera semana de junio los Colegios Profesionales de Arquitectos e Ingenieros del Perú cumplen sus Bodas de Oro institucionales, mereciendo reconocer la importante labor que estos dos gremios profesionales prestan para el desarrollo nacional y sin cuyo concurso, con toda seguridad, el Perú de hoy no tendría el rostro moderno que hoy ofrece. Caminos, puentes y carreteras que facilitan el transporte de cientos de miles de personas; edificios que albergan hospitales, colegios, escuelas y universidades, así como conjuntos habitacionales y barrios residenciales donde millones de peruanos pueden recuperar las fuerzas de trabajo; todo gracias a arquitectos e ingenieros que diseñaron, con mucha maestría y oficio, obras que hoy son un ejemplo vitruviano, demostrando poseer firmitas, utilitas y venustas.

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