Recuerdos de la nada

El regreso

Esto de escribir una columna semanal tiene su lado complicado, pues hay que pensar cada semana sobre qué escribir y que sea de interés de los lectores. Como ahora, que estoy sentado frente a la computadora pensando si debería escribir sobre las relaciones a partir de las nuevas tecnologías o seguir “troleando” al alcalde por ese par de metidas de pata que ha perpetrado en el otrora apacible y olvidado balneario de Tingo y el Patio Puno, convertido hoy en un mamarracho arquitectónico con su domo de plástico verde.

No quiero convertirme en un columnista pesado y monotemático, por más que me indigne lo que se ha hecho con mi ciudad, lo hecho, hecho está y quizá ya no haya marcha atrás, así el alcalde termine con el brazo torcido y acepte desmontar su horrorosa cúpula del Patio Puno. Sus “obras” de las que seguro se sentirá orgulloso y sus hijos y nietos verán con sorpresa cómo su padre o abuelo logró hacerlas, estarán allí y los arequipeños acudirán para solazarse y pasear los domingos, caminando sobre su propio pasado y con el tiempo todos habrán olvidado lo que allí hubo y solo quedará una placa con el nombre del alcalde Alfredo Zegarra Tejada, para que todos lo recuerden. Y está bien eso, pues no tenemos que olvidar jamás ese nombre.

En la semana vi una bella fotografía antigua de lo que fue el paseo de Tingo, con su viejo tranvía, una doble fila de árboles y palmeras, el piso empedrado y una hermosa arquitectura. Parte de lo que en efecto ya no existe y que difícilmente podría rescatarse, para ello se necesitaría mucho dinero, pero sobre todo, de un visionario que entienda que las ciudades tienen un pasado, una historia que nos hace diferentes; que el patrimonio de una ciudad es el bagaje cultural que le da identidad a un pueblo.

En Madrid, como en las antiguas ciudades del mundo, había un mercadito tradicional construido en 1916 en la calle Mayor, muy cerca de la Plaza Mayor, y que tenía una particularidad, gran parte de su estructura era de fierro forjado y madera; con los años el mercado se tugurizó y terminó como terminan la mayoría de mercaditos de abastos, sucio y medio abandonado.

Claro, si Zegarra hubiera sido alcalde de Madrid, ya lo habría echado abajo y habría construido un gran edificio de concreto con grandes ventanales de vidrio templado y la gran mayoría habría aplaudido la monumental obra, pues en lugar de ese viejo y derruido mercado, nada mejor que un edificio moderno que vaya a la vanguardia que una ciudad europea como Madrid, debe tener. ¿Verdad?

No quiero ni imaginar el nombre que le habría puesto, algo así como; “El Palacio de Abastos de San Miguel”.

Pero no, los españoles no hicieron nada de eso, entendieron que un mercado de abastos pequeño que tenía ese valor agregado de su concepción arquitectónica no podía perderse e hicieron un plan de rescate que terminó con una restauración completa, pero a la vez introdujeron detalles modernos que convirtieron el mercado en un lugar turístico maravilloso. Hoy es un maravilloso lugar para tomarse un café, comprar y hasta leer, pues hay una librería especializada en gastronomía y se puede sentir su pasado histórico con una concepción moderna de lo que debe ser un mercado.

Googleen “mercado de san miguel Madrid” y sabrán de los que les hablo. Digo nomás.

Una respuesta a “Recuerdos de la nada”

  1. Nilo dice:

    Cierto.
    Gracias por representar la voz y sentimiento de muchos Arequipen~os que en estos momentos estamos apenados por la falta de criterio de estos personajes como Zegarra y compan~ia. Arequipa ha ido perdiendo su tranquilidad desde ya hacia 10 o 15 an~os y creo que estas obras son la estocada final; por fin doblegaron al Leon del Sur y el camino esta trazado para hacer tabla rasa con nuestra historia; al menos que el Ministerio de Cultura se pronuncie con una medida ejemplar en estas dos obras “mamarracho” que lejos estan de representar el llamado “progreso”. Una lastima.

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