Tierra de “nadies”

El Espantacuervos Jorge Alvarez Rivera

Hay una demanda legítima en los reclamos de los estudiantes de la UNSA. Uno podrá estar en desacuerdo con los métodos y hasta con los dirigentes que pusieron en aprietos durante 19 días a la San Agustín, pero hay que reconocer que existen dos puntos clave que son necesarios en la única universidad nacional que tiene Arequipa: mejorar el control de calidad a la hora de contratar docentes y poder vetar a los incapaces que ya llevan años ahí sin que se les evalúe. Antes del linchamiento, me estoy refiriendo a los verdaderos ineptos que enseñan allí y es claro que no son todos. Porque afortunadamente  también hay de los otros,  los buenos y reconocidos maestros. Pero un solo gramo de inmundicia puede contaminar para siempre un tonel de buen vino. Imaginen un kilo.

Para graficar la urgencia del asunto me limitaré a un ejemplo vivido en propia carne mientras estuve allí. En el curso de “Artes Gráficas, Diagramación y Fotografía” que llevaba como alumno de periodismo en la escuela de Ciencias de la Comunicación, el profesor, de quien no recuerdo el nombre, nos puso una tarea para hacer en clase realmente inverosímil. Era el capítulo “Fotografía” y había que llevar periódicos para ver sus fotos. Luego había que recortarlas. En serio, cortarlas bien derechitas con tijeras punta roma y luego pegarlas en hojas bond con goma David. Así se pasaba la hora de toda una clase. Nuestro aprendizaje en fotografía periodística no consistió en salir a la calle a hacer fotos ni nada parecido, sino en verlas en los periódicos sin más análisis que su mutilación.

En el mismo curso, pero ahora en el capítulo “Diagramación”, se nos pidió igual que llevásemos periódicos y que, nuevamente con tijerita y goma David en mano, recortásemos el logo de las publicaciones. El proyecto ahora era reconstruir los mismos, dejando volar la imaginación. Recuerdo con escalofríos cómo el grupo que se llevó la nota mayor puso en un arco el logo de “La República”, como cartel de feliz cumpleaños de tecnopor. Patético en todas sus formas. Agregar que la cátedra consistía en ir soltando pastillas para la moral con frases tipo “la guerra es algo malo y hay que rechazarlo” o “cuando estén en una conferencia pongan en vibrador sus celulares”.

Eso, ladies and gentlemen, es estafar a la gente. Y el estafador cobraba un sueldo del Estado.
Cuando los alumnos plantean alternativas para revertir esto e impedir que los nuevos docentes ingresen a trabajar a la UNSA con la vara de ser amigo, hijo, sobrino, entenado, novia, agarre, trampa, firme o cualquier otra relación con alguna alta autoridad universitaria, la respuesta desde el rectorado es la misma de la burocracia: no chiquillo, eso no se puede hacer así nomás porque es parte de un procedimiento, además hay que cambiar los estatutos y discutirlo en el Consejo. Y eso otro que propones tampoco se puede porque, mira, hay que respetar los procesos…

O sea, nada se puede hacer.

Pero cuando el rector, luego de haber conversado con los alumnos, propone expulsar a los que inician protestas, ahí sí todo fluye. Se discute de inmediato en el siguiente Consejo Universitario, donde Valdemar Medina tiene la mayoría absoluta, y se sanciona con premura al revoltoso mientras los motivos de la revuelta se siguen encarpetando, llenando sobres de manila hasta que algún día una secretaria llena de laca en el pelo necesite reciclar papel para imprimir la nueva tarifa o pegar alguna notita en un cartel. Y entonces allí acabarán las intenciones de reformar la UNSA, huelga de hambre incluida: en el reverso de los papeles puestos con chinches en el periódico mural de alguna oficina del rectorado.

Harían mal en defender lo indefendible los buenos docentes que también trabajan allí. El espíritu de cuerpo en estas circunstancias sería tan perjudicial para la universidad que provocará que se meta en la misma pecera a los salmones con los moluscos. El discursito de “nunca quedas mal con nadie” solo conseguirá que la misma mediocridad persista en las aulas y el producto de ese crimen serán los profesionales que saldrán orgullosos, con sus cartones bajo el brazo, pero con una formación tan elemental que sus hechos y obras serán el reflejo de lo que nunca aprendieron.

Porque muchos de ellos, en su desconocimiento, asumen que el estándar que ven en sus profesores es lo máximo. Y, recordando nuevamente la Escuela donde estudié, si el director de la misma dice “haiga”, “nadies” y  “endenantes”, pues es bastante probable que los alumnos terminen escribiendo barbaridades a la hora de trabajar en el mundo real. O que sigan creyendo que los libros de Miguel Ángel Cornejo y Carlos Cuauhtémoc Sánchez dicen las grandes verdades universales.

Si Valdemar Medina tiene un verdadero compromiso con mejorar la educación entonces le toca responder con responsabilidad frente a los reclamos, asumiendo la realidad como tal, antes que proscribir a los alborotadores. Pero si los intereses sesgados, las argollas y las compadrerías pesan más que un proceso de autocrítica y reforma educativa, entonces no alcanzará ni siquiera que 15 mil alumnos entren en huelga de hambre. En esa tierra de nadie que es la burocracia agustina se congelarán los intentos de mejorar. Y en ese territorio es donde florece, con harto abono,  la ramplonería.

Una respuesta a “Tierra de “nadies””

  1. Avatar otorongo dice:

    Claro si el único merito del 99 % de profesores de la UNSA es haber sido de la Fua, es decir Patria Roja, esos tarados todavía viven antes de la Caida del Muro de Berlin, para ellos su biblia es la de Lora Cam un marxista ortodoxo para epifenomenos.

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