Consultorio del Dr. Equis

Varias cosas

Pregunta: Cuando salgo en lo único que pienso es en “levantarme” a la primera que esté disponible. Ni siquiera importa que sea demasiado hermosa. El problema es que luego de darme el gusto tengo que soportar un bajonazo. ¿Sufro de adicción al sexo? Efraín G. (Cayma).

Dr. XXX: Recientemente se ha encendido un debate sobre si es lícito comparar la compulsión por el sexo, con la adicción a las drogas. Ambas tienen en común la búsqueda de un estado de jubilosa animación. Pero la diferencia es que las drogas no son imprescindibles y se orientan principalmente a un universo extravagante; por el contrario el sexo es una saludable actividad que apunta a la arista extraordinaria de lo habitual. Sin embargo las depresiones post coito que usted menciona, nos inducen a especular que su descontrolada vida sensual responde principalmente a una crisis existencial. Disgustado por una rutina laboral o doméstica usted replica con actos de exasperada vitalidad. El sexo alejado de cualquier institucionalidad lo gratifica entonces con una plenitud instantánea y efímera sumada a una salvaje sensación de emancipación. Desafortunadamente usted experimenta inmediatamente el anticlímax, con el inevitable retorno a la pedestre realidad. Como afirma el Dr. Patrick Carnes, del Minneapolis Institute, en casos como el suyo la compulsión no busca el desnudo placer, si no la fuga del angustiante sin sentido. Nuestro consejo: Usted necesita evitar la calle San Francisco.

Pregunta: Una de mis películas favoritas es “El último tango en Paris”. A manera de homenaje tengo planeado imitar la famosa escena de la mantequilla ¿Hay algún inconveniente? Jorge S. (Cercado).

Dr. XXX: No se lo recomendamos si se va a someter a los requerimientos del sexo seguro. Recientes estudios han mostrado que el látex de los condones se deteriora luego de una hora en contacto con lubricantes como la mantequilla. Le aconsejamos que abandone la opción gourmet y opte por el viejo y naturista método de la saliva. Nadie sabrá que no fue completamente fiel en su tributo.

Pregunta: Mi novia no es muy orgásmica y cuando siente que estoy a punto me grita que no me vaya. ¿Qué me corte el ritmo a cada rato no es dañino para los nervios? Alipio. (Vallecito).

Dr. XXX: Al contrario. Ya desde 1976 Masters y Johnson descubrieron que en el hombre la eyaculación y el orgasmo son dos procesos sicológicos separados, y que es posible experimentar el placer del orgasmo varias veces antes de todo concluya con la eyaculación. Desde tiempos inmemoriales la doctrina Taoista enseña que la limitada esencia yang del hombre se enriquece en contacto con la esencia yin de la mujer. De esta manera los milenarios manuales chinos sugieren que lo ideal para el hombre es prolongar lo más posible el momento culminante. El célebre maestro Tung-hsuan escribió incluso un texto ya clásico que consigna un consejo que puede serle útil: “En el último momento el hombre debe cerrar los ojos y concentrarse, debe presionar su lengua contra el paladar, debe curvar la espalda y estirar el cuello, y con la boca cerrada aspirar hondo. La energía sexual que estaba por diseminarse se concentrará en su centro de poder y lo hará ascender a un nivel superior”. Este ejercicio no parece tan desatinado si recordamos que en nuestro país existe la leyenda que el poeta Cesar Calvo era adorado por las mujeres gracias a su portentosa capacidad de jamás abrir la jaula de los espermatozoides.

Pregunta: Estuve largos años con mi primer enamorado. Fue una de esas relaciones con muchas altas y bajas, con amor, con mucho sexo, pero también con largos momentos de tedio insoportable. Luego de la ruptura definitiva no sé si me he vuelto demasiado cauta. Lo curioso es que quiero tener una nueva relación pero cuando se me presenta la oportunidad no es que la rechace, sino que la esquivo, como que me hago la loca. ¿Esto responde a algún trauma subterráneo y soy nula para cualquier compromiso? Claudia. Tacna.

Dr. XXX: En un famoso experimento Miller y Dollard observaron que sus ratas de laboratorio alcanzaban un pico de conmoción cuando la amenaza de una descarga eléctrica y la promesa de una comida apetitosa estaban perfectamente equilibradas. La incapacidad de elegir entre atracción y repulsión, entre esperanza y temor, desembocan en la imposibilidad de actuar. ¿Qué hacer? Su actitud durante un tiempo tendría que ser la de un explorador que solo se compromete con la intensidad de su curiosidad, que no se afinca, no hace votos por el incierto futuro. Eso posibilitará que se cree espacio para lo nuevo, para lo impremeditado, y en consecuencia para el crecimiento personal. Sólo una advertencia: si no desea ser acusada de bitch, le recomendamos notificar con anticipación a la eventual pareja de su terapéutica (y temporal) urgencia de egoísmo.

Pregunta: Por esas cosas del destino últimamente he estado frecuentando intermitentemente a una chica de 17 y a una mujer de 49. Lo que me deslumbra de la chiquilla es la textura y firmeza de su cuerpo, pero me decepciona la falta de fuego. En cambio la otra… ¿Es que las mujeres mayores tienen más urgencia de complacer? Juan R. (Cerro Colorado)

Dr. XXX: No necesariamente. De acuerdo a algunos estudios las mujeres disfrutan más del sexo en sus 30 y 40. Se asegura que luego de dar a luz se incrementa el flujo de sangre a los genitales, haciendo que estos tengan una más enjundiosa actividad. Además hay que considerar que en estos tiempos que corren una mujer a los cuarenta tiene más oportunidades de consagrarse como una auténtica virtuosa del catre.

Pregunta: Mi esposo, que pertenece a un movimiento religioso de origen peruano, me acusa de ser lasciva. Para rechazarme ha llegado al punto de calificarme de enferma. Luego me manda mails meticulosamente redactados en los que me explica que está comprobado que la búsqueda del placer sexual es el origen de todos los males. ¿Es cierto todo eso? Silvia F. (Paucarpata)

Dr. XXX: Algunos científicos aseguran que la civilización empezó cuando se diversificó la postura a la hora del sexo. Al erguirse y asumir la revolucionaria locomoción bipedal el humano reconsideró inmediatamente –a diferencia de sus parientes simios- la obtusa elocuencia de la parte posterior de su pareja. Se lanzó entonces hacia la electricidad del roce de las piernas, hacia la complejidad de los pliegues del torso, y con la confrontación de rostros, en un momento preciso, ocurrió el salto dialéctico. Porque por delante todo contribuye a la experiencia voluptuosa: músculos, terminales nerviosos, ángulo de penetración. Y fue de esta manera como al convertirse en un espécimen sensual el homo sapiens se dejó llevar por un arrebato que le permitió edificar la civilización. Así que no hay duda, su marido tiene toda la razón.

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