El amor por los libros

El regreso

Vuelvo a la ciudad como tantas veces lo he hecho en mi vida y cada vez siento que a pesar de todo, necesito respirar el aire seco de Arequipa, aún cuando la contaminación haya llegado a límites insospechados, el tráfico vehicular sea endemoniado y a la gente cada vez le interese menos cuidarla.

Vuelvo y es como volver a mi infancia, en casa de mis padres, correteando por las habitaciones en busca de mis hermanos para jugar o buscando encerrarme en la biblioteca de mi padre para curiosear los libros del estante. Libros de arte con cuadros de artistas famosos de todos los tiempos, algunos libros de magia, pues mi padre era un apasionado de la prestidigitación y a veces lograba engañarme. Pero también había algunas novelas juveniles cuyas portadas me atraían mucho, eran unos corsarios feroces que luchaban entre ellos en mares embravecidos por olas gigantescas o viajeros envidiables que recorrían el mundo tan solo para pagar una apuesta.  Me imaginaba en medio de esas batallas mirando escondido tras una roca, fascinado por esas historias fantásticas o cargando las maletas de Phileas Foog en “La vuelta al mundo en 80 días”.

Emilio Salgari y Julio Verne despertaron mi interés de adolescente y gracias a su magia, pasé largas horas junto a la biblioteca leyendo aquellas historias, atrapado deseando que no se terminen nunca. Así empezó mi romance con los libros y desde entonces no he parado de leer, y quizá haya gastado una fortuna comprando libros que hoy están en mi propia biblioteca y que me acompañan durante años en cuanta mudanza he hecho en mi vida. Algunos otros que presté, nunca retornaron y otros tantos que fui dejando en distintos lugares por falta de espacio.

Hace unos días fui a la Feria Internacional del Libro en Lima y sentí la misma fascinación que siento cuando tengo cerca tantos libros que no he leído y que me gustaría tener entre mis manos. Una feria que convoca cada vez más gente, donde cada año el recinto queda más chico y donde los niños van con sus padres dispuestos a escoger un libro que llevar a casa. Imágenes que me reconfortan y que me hacen pensar que a pesar de todos los pronósticos futuristas, el libro tiene aún mucho tiempo de vida. Ojalá.

Pero también pienso en la Feria Internacional del Libro de Arequipa, que va por su cuarto año consecutivo de realización y aún cuando resulta siendo pequeña para una ciudad que ha crecido considerablemente, creo que es la semilla de lo que necesitamos en nuestra ciudad para que abriguemos la esperanza que en algún momento podamos convertirnos en la capital de la cultura, a pesar de los esfuerzos de nuestras autoridades por convertir la ciudad en un esperpento.

El año pasado fui testigo de todo el esfuerzo que significa sacar adelante la Feria, tratando de llevar invitados de calidad, organizando un programa nutrido; y sin embargo la respuesta sigue siendo tibia, algunas de aquellas presentaciones no tenían público y en algunos casos hubo poco interés por parte de los arequipeños.

Una Feria del Libro debe ser una fiesta, esa fiesta familiar que esperamos cada año para celebrar nuestro encuentro con los libros, pero no es así; sin embargo hay que seguir en la brega, la IV Feria Internacional del Libro de Arequipa, de la mano de Artequipa debe seguir, porque sólo persistiendo en los objetivos se logrará abrir el camino que se ha conseguido en otros lugares.

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