Nueva York: allegro

La Revista Avatar

El cerebro de Cristóforo estaba más ocupado que el macrocosmos de Nueva York. Sentía que no todos los días se podía llegar a la puerta del mundo, y menos con la cabeza vacía, la Estatua de la libertad, como si desde antes que amaneciera su cabeza igual que un balde de agua tuviera que llenarse con todos los rasgos urbanos de cada ventanita amarilla de sus rascacielos, Diego Rivera y King Kong, como si debiera estar listo con el pañuelo en la mano para el momento en que el sol se subiera al piso 102 del Empire State.

Muy temprano estuvo haciendo indagaciones sobre cómo llegar de Brooklyn a Manhattan, La decisión de Sophie de Styron, y optó por la barroca combinación de bus, pie y metro. Se desvió del camino para pasear por Fulton Street y vio muchos negros, forget abooout it, esa muletilla tan musical y difícil de imitar.

En la municipalidad estaban varias parejas apoyadas detrás de las columnas como esperando turno, un moreno le dijo que era el lugar más barato para casarse. Luego vio un fotógrafo negro que tenía una impresora en el suelo y que cobraba contraentrega, el Museo de Historia Natural….

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