Primero lo primero

Sobre el volcán

Ilustración:labaladadeltahur.wordpress.com/


No todos los peruanos vinculados al Derecho  aceptan  su carácter dinámico. Y no sólo porque el derecho debe adaptarse a los cambios cada vez más veloces del vertiginoso mundo de hoy, sino también porque debe adelantarse un poco a este mundo, si pretende erigirse como primordial herramienta de armonía social. A pesar que el Derecho es, como el ilustre argentino Adolfo Bioy Casares decía, “un intento por reglamentar la vida, algo así como ordenar el mar  –una de las grandes aventuras de la vida”. Por lo que no hay que exagerar su carácter imperativo y represivo y reivindicar también bien su carácter instrumental positivo, es decir “dispositivo” y  “facultativo”.

En otras latitudes ya se habla, a propósito, de recomendación en lugar de obligación. Lo que hay que tener en cuenta frente al problema que vamos a tocar esta vez: la fertilidad y la concepción frente a los espectaculares avances de la biogenética. A ello me lleva un sorprendente artículo de Víctor Guevara Pezo, profesor de la UF y de la  Universidad de Lima: “¿Derecho Genético?”. Por su  interpretación, por la exhaustividad de su cuestionamiento, por su límpida exposición, creo que es un alentador ejemplo de excelencia en el trabajo jurídico, que no puede dejar de comentarse.

Y no extraña que esos aportes partan de una visión del Derecho que compartimos casi fanáticamente con el autor de “¿Derecho genético?”: “El derecho es más, mucho más, que un conjunto de leyes… más que un puñado de reglas para uso e intercambio de recursos del mercado…” “¿Derecho genético?” Es una ponencia  publicada por el Instituto del Ciudadano en su Boletín Nro. 3, Boletín que  merece una mayor difusión de la que tiene, especialmente entre gente vinculada al derecho, la política, la economía, la ética. Y que gusta vincular todos  estos asuntos.

En este trabajo el doctor Guevara Pezo, resalta que el problema para regular los novísimos casos de Inseminación Artificial, Fecundación in vitro, Madre sustituta, etc., no es solo la falta de normatividad, sino algo que es previo a las normas y por tanto fundamental: los principios de Derecho que deben aplicarse. El problema  en primera  instanciano es de normas, que pueden ser creadas por el legislador de turno, sino de conceptos o proposiciones que informan e inspiran la creación y la estructuración de esas mismas  normas, (Marcial Rubio Correa): es decir, de principios generales de derecho (o principios  o valores jurídicos o de derecho, etc), cuya creación corre a cargo no solo de los expertos sino  que emana o debe emanar de  la sociedad civil en su conjunto, de su vida y su historia, lo que no ocurre en nuestras sociedades que  se encierran tercamente  en el pasado, a pesar de los celulares y el powerpoint. Y por eso la sociedad civil va por su lado y el derecho republicano y democrático va por el suyo.

En el principio fueron los principios.  Ideas de la filosofía política que se plasmaron en  Declaraciones y Constituciones.  Y el menosprecio de los principios puede ser por eso tan grave, tratándose de un tema que atañe a las zonas más personales, más específicamente humanas, como la vida y el cuerpo, la salud y el alma insuperable: temas de la ética moderna. Estos problemas “echan por tierra y conmueven de raíz los principios en los que se ha sustentado el Derecho… los conceptos de filiación, familia y sucesión…”. Lo cual debe ligarse, en la reflexión, (por lo menos en nuestro medio regional), con ese nefasto menosprecio u olvido académico y judicial por los principios generales de derecho. El autor recuerda que la mayoría de los 456 casos respectivos planteados por Marcial Rubio Correa sobre estos temas, por ejemplo,  “no pueden ser resueltos por las disposiciones sobre filiación de nuestro Código Civil”.  (“Las reglas del amor en probetas de laboratorio”)  Las preguntas parecen infinitas y hay que crear las respuestas porque no están en el Código. Aquí intervienen los principios jurídicos.

He aquí algunas de ellas que el mismo autor plantea. Y de paso recuerda la enorme importancia de la elaboración de preguntas y del descubrimiento de problemas en la investigación seria: ¿Quién o quiénes tendrían que dar consentimiento para los experimentos? ¿Debe permitirse la inseminación homóloga o heteróloga?, ¿la contratación de madres sustitutas?, ¿el empleo post mortem de gametos?, ¿la fecundación in vitro?, ¿las pruebas de ADN?, ¿la conservación o cesión de esperma, óvulos y embriones? ¿debe imponerse reserva sobre el origen de los gametos en caso de permisión?, ¿es permisible la revocación del consentimiento dado para el uso de gametos?, etc.

La modernidad empieza por la pregunta, el cuestionamiento, el planteamiento de problemas, la crítica, la duda, contra todos los principios, dogmas y creencias de la etapa histórica anterior.

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