Televisión regional

La columna

 

¿Se puede hablar de una televisión arequipeña? Poco, pero sí. Existe una televisión local luchando contra el mundo, donde hay de todo, como en botica. El problema es que –lo sabemos todos- es mala, en general.

La falta de recursos técnicos, la “filosofía empresarial” de ciertos dueños de emisoras, la ausencia de personal especializado, la concentración extrema del mercado publicitario en Lima y el nulo incentivo que existe para dedicarse a ese campo, son las razones de ese estado de cosas. Aunque también hay casos de mercenarios periodísticos que utilizan los pocos espacios de la TV local a modo de industria “extractiva” propia. La población también sabe quiénes son.

Gracias a todo eso la televisión nacional sigue apabullando a la local, aún cuando su programación y contenidos son, en general, insulsos, superficiales y elementales, cuando no,  nocivos. Desde los numerosos programas de canto y baile, los de humor, los noticieros y, muy en especial, los esperpénticos programas de las once de la noche, que han venido degradándose desde las épocas gloriosas en que teníamos a César Hildebrandt, y luego –más modestas pero cumplidoras- dos programas periodísticos dirigidos por mujeres (periodistas, sin embargo, no modelos ni vedettes como las hay hoy) o un actor cómico que ha confundido el color de su nariz de clown con los contenidos de un programa periodístico.

Bien se sabe que, en estos tiempos de posmodernismo y reinado de la tecnología, los espacios de generación de opinión pública están limitados básicamente a los medios de comunicación. Una sociedad local, no puede ejercer su ciudadanía si no tiene estos espacios propios. De manera que los partidos políticos, los gobiernos regionales y locales, las instituciones democráticas y la sociedad civil en general debería preocuparse por tener medios de comunicación locales sólidos económicamente, y por tanto independientes; de conducta ética y solventes profesionalmente.

Es difícil trazar un camino y una forma de llegar a este orden ideal de cosas. Pero cuando ocurra, la sociedad arequipeña podrá aspirar a ser verdaderamente democrática, la opinión pública se podrá considerar suficientemente informada, y la población en general habrá elevado su nivel cultural y su conciencia ciudadana. Eso sería un verdadero símbolo de progreso, antes que inaugurar más malls donde la gente siga evitando pensar para dejarse arrastrar por un consumismo fatuo y perjudicial.

La Televisión Local, en resumen, es más importante de lo que muchos creen. Despreciarla, criticarla o ser ajenos a ella, no ayuda a los objetivos de desarrollo de la región, los retrasa. Así de concreto.

2 respuestas a “Televisión regional”

  1. Jorge Luis dice:

    Hola Mabel, una pregunta, ¿cómo debe interpretarse esta afirmación?  “De manera que los partidos políticos, los gobiernos regionales y locales, las instituciones democráticas y la sociedad civil en general debería preocuparse por tener medios de comunicación locales sólidos económicamente, y por tanto independientes” 
    ¿Los gobiernos deben preocuparse de tener medios de comunicación locales sólidos económicamente, pero independientes?
    Saludos. 

  2. Mabel dice:

    Exactamente Jorge Luis:

    La forma es promover una economía dinámica en la región, un mercado sin distorsiones, fomentar la cultura y las expresiones artísticas locales (que solo se difunden en los medios locales).
    Y también, tener una política transparente y equitativa de distribuir los fondos que invierten en difusión, como ocurre en otros países, los gobiernos regionales (caso Colombia) están obligados a sostener a los medios de comunicación televisivos regionales, pero no con compromisos bajo la mesa ni antiéticos, sino totalmente transparentes, cada uno recibe lo justo, según su audiencia y los espacios de PRODUCCIÓN PROPIA que tiene. Y así nadie queda hipotecado al gobierno de turno, la gente lo sabe y ese dinero se usa para sostener, de manera transparente, la producción local.
    Esa, creo yo, es la forma, no lo que ocurre actualmente en nuestro país.

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