EL RETO DE LA FIL

Columnas El regreso Avatar

La fiesta de los libros arrancó nuevamente en Arequipa y es motivo para celebrar, el solo hecho que la Feria Internacional del Libro haya llegado a su cuarta edición, es un logro importante que supone un reto igualmente trascendental y eso pone a los organizadores en el compromiso de cimentar el esfuerzo de estos tres años de batallar contra la indiferencia, el desgano y el poco entusiasmo de algunas instituciones y personas que prometen y pocas veces cumplen.

El hecho que universidades, centros culturales y gobierno regional, a través de Artequipa hayan decidido comprarse el pleito y sacar adelante una feria decente, ante el fracaso de otra ferias similares, es un hecho inédito y que hasta ahora ha funcionado a pesar de los tropiezos y los inconvenientes que se presentan en una ciudad como Arequipa que en materia cultural parece empantanada y amodorrada. He sido testigo circunstancial de cómo se regatearon centavos a la hora de cuadrar las cuentas en la primera edición, ante la falta de seriedad de algunos que nunca entregaron el aporte que prometieron.

Y a pesar de todo, aquí está nuevamente. El año pasado fui uno de los invitados para presentar mi libro y me sorprendí de la organización, todo funcionó y los invitados fuimos tratados mejor que en otras ferias similares. Aun cuando es verdad que el recinto ferial queda grande y no deben mudarse hasta que colmen todas las expectativas de convocatoria editorial, la gente ha respondido. Según estadísticas de la organización el año pasado se registraron cien mil visitantes y se espera que este, sobrepasen esta cifra.

Quizá sea importante destacar que a diferencia de otras ferias similares en el resto del país, la FIL-Arequipa ha logrado captar el interés de los jóvenes, quizá porque está cerca a una de las universidades más importantes de la ciudad y porque los niños de colegios visitan el recinto ferial en horas de clase y eso es admirable. El 15% de los visitantes son escolares, que si bien no necesariamente son compradores efectivos, sí se convierten en interlocutores válidos para hablar de la feria.

Con estos antecedentes esta nueva edición no admite errores de organización, pues ya no valen las excusas porque la experiencia de los años anteriores les habrá dado el bagaje necesario para hacer de esta edición una edición impecable. Sin embargo, ya empezaron a circular las quejas en las redes sociales, algunas probablemente infundadas, pero otras que requieren la atención de los organizadores.

Presentaciones programadas que empezaron con casi una hora de retraso, sin micrófonos y con inesperados cortes de luz, preocupan desde ya; sin contar el confuso incidente ocurrido con un par de poetas en la puerta de ingreso que denunciaron haber sido golpeados por personal de vigilancia y que fue ampliamente comentado en las redes sociales. Es bueno precisar que al parecer uno de los vates involucrados en este incidente, estaba pasado de copas y eso parece haber sido el detonante de la gresca.

Con todo, y al margen de estos problemas, esperamos y deseamos que la organización esté a la altura de esta quinta edición porque Arequipa se merece una Feria del Libro consolidada y con el prestigio que le ha dado hasta ahora Artequipa y todas las personas que trabajan por hacer realidad este evento. La Feria del Libro debe ser una fiesta para los arequipeños que amamos los libros y los que sienten la curiosidad de disfrutar de las letras impresas y de la imaginación que nos despierta un buen libro. ¡Vamos todos a la Feria!

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