La "presidenta"

La columna

 

La percepción sobre al extraordinaria influencia de la Primera Dama, Nadine Heredia, en la conducción del gobierno nacional es unánime. Igualmente, la mayoría de analistas coincide en aceptar esta situación con simpatía o tolerancia, cuando no con entusiasmo.

Pero las reglas democráticas nos obligan a rechazarla de plano, más allá de la empatía que, a nivel personal, podamos establecer con la ciudadana Heredia. El día en que en el Perú nos acostumbremos a respetar las reglas establecidas por consenso, habremos avanzado un buen trecho en la lucha por construir una sociedad más civilizada, más justa y de mejor calidad. Y el respeto por las normas implica que no hay lugar a excepciones, ni acomodos, ni distorsiones. Esa es la esencia del concepto de justicia.

Si bien -hay que reconocerlo-, la actual primera dama parece tener más luces que el propio presidente Humala y parte de su equipo, ese “soporte” debe mantenerse en el ámbito privado, lejos de la estructura formal del Estado. Si no somos capaces de distinguir esa línea como infranqueable, no hemos avanzado nada en nuestras aspiraciones democráticas.

Pues una de las normas esenciales de este sistema – que por ahora está en calidad de discurso, más que de realización- es la existencia de un férreo límite entre las esferas privada y pública del ciudadano que es investido de poder, en este caso, el presidente. Así como el inmaculado manejo que debe ejercer sobre ese poder, conferido por la mayoría, dentro de los marcos legales, éticos y técnicos que se han establecido para este fin. Todo lo que no figura en este espacio claramente delimitado, es una violación abierta, no sólo a la Constitución y a las leyes, sino sobre todo a la confianza del resto de ciudadanos, por ahora básicamente electores, que le otorgaron ese poder.

Mientras no sepamos distinguir ese borroso y sinuoso límite, seguiremos en lo mismo.

Además, el tolerar una situación irregular como ésta, sólo porque se trata de una joven carismática y, en apariencia, anodina, implica el riesgo de perder un terreno que luego podría ser ocupado por alguien menos simpático y hasta nocivo, como ya ha ocurrido –por ejemplo- en el caso de varias autoridades locales conocidos como “sacolargos” y la codicia invasiva de sus cónyuges que han intervenido indebidamente en el manejo de asuntos públicos.

Eso no implica, de manera alguna, oponerse a la participación femenina en la política, como algún mal entendedor podría interpretar. En el caso concreto de Nadine Heredia, sería una gran noticia para el país que inicie una carrera política propia, pero no utilizando la plataforma del poder otorgado a su marido, sino desde el terreno llano donde debieran estar todos los participantes.

Y esto también va para el caso –menos frecuente pero igual de grave- de cónyuges masculinos que se cuelgan de la falda de alguna autoridad política mujer para hacer cómodos “biznes” desde el espaldar de un sillón municipal, por ejemplo. ¿Se oyó un rumor en algún distrito?

Una respuesta a “La "presidenta"”

  1. Dinosaurio en peligro de extincion! dice:

    NAdine??? sera igual que la Kichner, que esta enviando a la Argentina,al abismo mas profundo, la mejor opcion para un pais de muchos ignorantes como el PEru es Alan, si la mayor parte del pais, tuviera algo de cerebro y menos envidia y resentimiento, se tendrian mejores presidentes,pero lamentablemente solo podemos aspirar en el mejor de los casos, a Alan…..que lastima de pais!

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