Radiografía de un motín

La Revista

Cuando el  técnico del Instituto Nacional Penitenciario (INPE), Juan Follana, despertó, se encontró bañado de sangre en la cubierta del tercer piso. Los golpes que le asestaron con barrotes en el cuerpo, en la cabeza con ladrillos y las amenazas con verduguillos, le hicieron  pensar que una trágica muerte lo esperaba.

Mientras se reponía, al fondo, con dirección al frontis del penal, por lo menos 100 internos vociferaban pidiendo beneficios. “Queremos que respeten nuestros derechos”, gritaban con las manos alzadas, muchas de ellas esgrimiendo palos y verduguillos en pos de las cámaras  situadas en la entrada principal, para que la ciudad entera sepa que se habían amotinado.

Ya habían pasado cerca de tres horas desde que los presos tomaron el control del penal de Socabaya, aquella mañana. Follana, hoy recostado y recuperándose en el sillón de la sala de su casa,  recuerda que lo levantaron junto a su compañero, también secuestrado, Ángel López Castañeda, y como carne de cañón, los convictos con rostros cubiertos, los mostraban  ensangrentados, a toda la prensa, desde el techo del pabellón D….


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