San Juan de Puerto Rico

La Revista Avatar

Fotos y Texto: Hermann Bouroncle

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La cometa volaba muy alto sobre la explanada del fuerte El Morro. En lo alto era un punto más que competía en vistosidad y diseño. Había varias, quizá demasiadas. En la tierra los hilos de nylon encasillaban los pasos de los caminadores. De vez en cuando caía clavada al piso alguna cometa como si quisiera suicidarse sobre algún humano. Pero nadie protestaba. Todas las tardes eran un día de vacaciones en Puerto Rico, con varias caritas felices sobre aquella punta de la isla. Los viejos cañones dormían sobre la muralla colonial al arrullo del mar. ¡Qué calor! Como si el cielo fuera amigo de las familias, prolongaba la tarde. Entonces había más tiempo para volver a lanzar la cometa mientras la mamá desdoblaba el mantel sobre el suelo con pan y merienda. Por la vía de acceso al parque se atora silenciosamente un éxodo de vehículos, también de cochecitos de bebé empujados por señoras calmosas. Un kiosko de accesorios para cometas vive una exaltada venta, como si hoy fuese el último día para ser niño (ser padre, ser madre). La felicidad dorada sonríe de cara al sol….


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