Varias cosas

Varias cosas

1.- Pronunciamiento ciudadano

A principios de setiembre un grupo de ciudadanos lanzó un pronunciamiento. En resumen se decía que si bien es importante la implementación de espacios públicos, lo trascendental es hacer bien el trabajo. Los que afirman que una obra mal hecha es mejor que una obra no hecha son los que parecen resignarse a que el destino de Arequipa sea la mediocridad.

2. Públicos y privados

Ejercer el famoso derecho a expresarse es una cuestión que tiene sus complicaciones.
Escribir un poema, un artículo periodístico o solo transmitir una opinión (a tu abnegada mujer) sobre el género humano es algo que se origina en la misma zona pero, como dicta el sentido común, no es lo mismo. El proceso, el contexto, la manera, de ejercitar la libertad de expresión es lo que produce una diferencia sustancial.  El tránsito de una opinión privada a una declaración pública es un asunto transformador. Al abandonar el territorio de lo estrictamente privado se activa la conciencia de nuestra condición social, de que “yo” en realidad soy un “nosotros”. Eso cambia por completo la perspectiva.

3.- Orgullo nacional y de los otros

Algunas personas piensan que es patético el fervor nacional por el actual boom de la gastronomía peruana. Con sorprendente frecuencia varias de esas personas suman su voz apasionada y desafiante a la de la tumultuosa barra de algún club de fútbol. Lo más prodigioso es que también parecen convencidos de que la configuración de su mente es invulnerable a toda incoherencia.

4.- Patas del alma

Duplas fascinantes abundan en la literatura y especialmente en el cine pero, como hace notar Harold Bloom, lo extraordinario de la yunta tan desigual entre Don Quijote y Sancho Panza no es solo su carácter fundador, sino su peculiaridad: la comunicación entre ambos es de ida y vuelta. Ambos escuchan. A pesar de lo disímil de su proyecto estos personajes confluyen constantemente a lo largo de diálogos cotidianos. Y esa respetuosa confrontación genera una evolución: la gloriosa locura del caballero andante empieza a adquirir un filo insospechadamente sagaz, y la sensatez profesional de Sancho muta hacia el territorio incierto de las interrogantes. Luego de tantas páginas conversando y corriendo aventuras ninguno es el que era al principio. El compañerismo transformador no es demasiado frecuente en la literatura (ni tampoco en la vida), donde abundan los egocéntricos. Por ejemplo Hamlet, que al haberse afincado en su oscura certeza parece que todo lo que escucha es para confirmar sus convicciones. Y también la pobre Madame Bovary que muere de tanto escucharse a sí misma, solamente a sí misma. Seguramente la clave del inmortal atractivo de la obra de Cervantes es que supo crear una dupla de inesperada perfección. Don Quijote, con su hermosa locura, es el paradigma del hombre que se resiste a su destino al ras del suelo, que sabe que puede cabalgar en una elipse gracias al poder de la poesía (digo poesía y no simplemente imaginación, porque la poesía es una modalidad particularmente animada de la imaginación). Sancho Panza, por otro lado, hace uso del sentido común con una vitalidad que desenfunda auténtica inteligencia, cuando no genio, otorga ese ingrediente que solo está en las cosas palpitantes: la perspectiva.

5.- Cabello de Ángel

Se ha comprobado que el olor de la santidad es una mezcla de membrillo y rosa. Por alguna razón tendemos a asegurar que no hay nada más exactamente dulce que la repostería de las monjas. Su castidad y sus vínculos con todo lo celestial es seguramente el misterioso ingrediente que hace más aéreo a todo ese trigo y a toda esa miel. Pero el toque mágico es la insospechada aparición del humor entre esos muros de clausura. Porque francamente hay que estar marcado por una cierta sonrisa para bautizar a una empanada de hojaldre rellena con crema pastelera como “Barriga de monja”, o llamar “Huesos de santo” a unas varitas de almendras y azúcar. La receta de las “Virutas de San José” y del “Flan de cerezas de la Ascensión” debe haber sido producto de una gozosa revelación. Mención aparte merecen los “Pingüinos” que, claro, aluden a sus benditas creadoras. En Arequipa los conventos de Santa Catalina y Santa Teresa son los que desde tiempos virreinales desarrollaron esta tradición que se remonta hasta la Europa de la Edad Media.

6. Sí

Salgo a la calle y hay calle. Me echo a pensar y hay siempre pensamiento. Esto es desesperante. (César Vallejo. Contra el secreto profesional)

7. Bonito, todo me parece bonito

La belleza es el enemigo de la expresión. Eso fue lo que dijo el notable violinista Christian Tetzlaff a un grupo de estudiantes. Supongo que se refería a que el preciosismo satura la oreja y no permite explorar zonas más hondas de la topografía del alma. Hace un par de días volví a ver “El árbol de la vida”, la aclamada película de Terrence Malick, y la cosa estuvo clara: tanto caramelo para el ojo no le hace bien al ojo. A pesar de que ese film tiene una ambición que conecta el drama íntimo con la conflagración cósmica el abuso de imágenes de axiomática belleza nos retrasa, nos empantana, nos impide alcanzar la trascendental meta perseguida. El final, en particular, resulta emético en su aparatosa espiritualidad.

8. Premio Guggenheim

Con los miles de dólares del premio Guggenheim el Sr. Federico Peralta Ramos estaba obligado a realizar una obra artística. De preferencia una obra maestra. Se comunicó con un sastre y encargó trajes para 25 de sus conocidos (entres amigos y enemigos). La comida fue en el hotel Alvear, un lugar sublimemente dispendioso. La factura fue luego enmarcada para su eventual exhibición (y adquisición).

9. Otra vez    

Si todo sale bien cuando este texto llegue a la imprenta ya estaré otra vez en Arequipa. Aunque en realidad nunca me fui. Hace como catorce años subí a ese avión pero reconozco que en todo lado solo puedo vagar por las calles de mi ciudad.

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