Dignidad

Sobre el volcán

Imagen de JUAN MANUEL ALVAREZ HERNANDEZ.

¿Por qué se considera la dignidad como fundamento de los derechos humanos? ¿Por qué está tratada en nuestra Constitución y en otras en su primer artículo?  ¿Por qué esa eminencia? Antes hay que hacer presente, por si acaso,  que no  hablamos de “dignidad humana” porque la dignidad  sólo puede ser humana y nada más. Decir “dignidad humana” es  una redundancia. Sólo el hombre es digno en el sentido que se da a la palabra  “dignidad” en  la vida jurídica moderna, inspirada en la idea de Kant,  que aún es  ´rara avis´ en nuestra tierra. ¿Cuál es ese sentido? ¿Y por qué sólo el ser humano es digno? ¿Y digno de qué es el ser humano?

En tanto ser libre y consciente, actual o virtualmente,  el humano moderno,  emancipado de la tradición, del pasado y de toda autoridad mental, empieza a  pensar con su propia cabeza y a considerar la posibilidad de estar solo como especie pensante y, por consiguiente, de  ser  único dueño de su destino, sin que esto signifique negar ingenuamente  la influencia, el azar y las mil contingencias.  Todo esto a partir de la idea moderna  que, en tanto especie e individualmente, es única, es decir, no clasificable: sui géneris. Ni natural ni divina. Y así llega a la convicción que no sólo puede hacerlo de hecho sino que  tiene derecho a decidir sus propios fines o metas, autónomamente. Es más, en tanto ser libre,  no puede evitarlo; ya sea porque no puede soslayar  decenas de decisiones diarias, o porque  no va a permitir que otro u otros decidan por él, o porque de permitirlo sería también el producto de una decisión: la perezosa decisión de admitir que otros decidan por nosotros. En pocas palabras, el hombre es digno o merecedor de señalar su propio destino porque sabiéndose único e irrepetible,  libre y consciente, no le queda otra opción. ¿Cómo permitir que otros nos  señalen esos  fines? ¿Cómo permitir que nos digan cómo debemos  vivir?  Ni  los padres, ni los apoderados u  otras  autoridades tiene potestad para ello. Sólo el ser adulto mismo, el ciudadano  igual y libre,  puede hacerlo, sólo él es digno.  Si el principio de dignidad, tal como se le define, implica la idea de merecimiento, sólo el hombre merece su propio fin (su cuerpo, su espíritu, su vida y su muerte) y darse sus propias normas y medios para alcanzarlo.

El principio de dignidad es inédito jurídicamente hasta su consagración en las Constituciones modernas, en tanto válido para todos los hombres. Lo que significa que antes de esta época no hay derechos humanos. Y es que no son “inherentes a la naturaleza humana”, como se dice, pues en tal caso hubieran existido desde las cavernas y en todas las comunidades humanas sin excepción.  Y que no es así  lo muestran todos  los pueblos no occidentalizados, por ejemplo  los países islámicos. Son decisión y creación histórica.  Y por eso no se llaman naturales o divinos sino humanos, del hombre y para el hombre. ¿Y, además, quien sabe cuál es la “naturaleza humana” que  convenza a todos?  ¿El ser humano es un ser natural?

Si esos derechos son “humanos” quiere decir que no hay excepciones, que son para todos los seres humanos, incluidos los peores delincuentes. Esa es una característica que los separa de todos los “derechos” pre modernos y es una garantía para protegerlos. Hasta ese momento (el de la revolución moderna, especialmente anglosajona y francesa)  no todos los hombres eran considerados iguales ante el derecho, habían unos “más iguales que otros”, no todos tenían  libertad ni derechos.  En realidad nadie los tenía, porque como el poderoso pre moderno,  el señor de horca y cuchillo, tenía privilegios, los demás no podían tener derechos (una cosa niega a la otra). Y él no necesitaba tenerlos porque controlaba   las riendas reales del poder, el poder real, el poder de hecho, aunque sólo fuera de hecho. ¿Cómo hablar de dignidad en esa época?Esto no es un reproche a las sociedades pre modernas, pues no podemos extrapolar nuestros valores aburguesados a etapas históricas del pasado. Es indebido y ridículo, por ejemplo,  acusar a Gengis-Khan de autoritario. La dignidad, la libertad y la igualdad, como derechos comunes a todos los hombres,  se dan sólo con la revolución  moderna. Antes del siglo XV no había la idea de  persona como  ser único, irrepetible  y singular,  no había nada qué proteger. Uno de los fenómenos sociales más importantes que produjo la modernidad en Europa y la hizo posible fue, por ello, el  principiumindividuationis, el sentido de individualidad. No había, antes del Renacimiento, principio o fundamento jurídico válido para todos por igual, los campesinos  no tenían los mismos derechos que la aristocracia.

La dignidad, en suma, es el fundamento de los fundamentos, la red en la que se sostienen todos los derechos humanos. Sin ella no tienen sentido.

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