Un Pedido Musical

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imagen: http://josamotril.wordpress.com

Un espacio de encuentro también puede ser un escape. Las personas que prefiero evitar suelen estar ausentes durante mi paso por una biblioteca, un museo o una caminata con cámara en mano. No es perfecto, pero me sirve. Impregnarse de nuestra cultura no “nos vuelve buenos” automáticamente, pero nos cambia. Quiero más lugares así, para las personas que no conozco e incluso para las personas que evito, están en su derecho de disfrutarlos, de contar con un espacio para el escape y el encuentro, espacios que quizá nos reconcilien.

Este es uno de esos espacios, pero aún no existe:

Durante el mes de aniversario de Arequipa, los muros de Facebook se invaden con fotos de la campìña que se nos va, los volcanes tutelares, el mirador, la catedral y las flores de texao. Otro enlace infaltable es el dirigido a un yaraví. Esas melodías mestizas resuenan desde los altavoces de picanterías, ferias y salas de algunas personas que queremos.

No soy capaz de armar una lista con mis diez yaravíes favoritos producidos en lo que va del año, tampoco respecto al año pasado. Dudo que la mayoría de arequipeños seamos capaces de hacerlo sin ayuda de Google o la excepcional amistad de un entendido en la materia. ¿Se crean suficientes yaravíes para armar una lista así o debo escuchar más radio?

Youtube sirve como un gran repositorio de este patrimonio, podemos encontrar unos 2060 contenidos que llevan el nombre de este género musical, incluyendo registros de recitales, entrevistas y unos pocos reportajes. A pesar de ser un portal de videos, resulta sencillo para cualquier usuario compartir un audio acompañado de la portada de un disco o una colección de fotografías. A pesar de la buena fe de los uploaders, falla la clasificación de los contenidos. Por ejemplo, al emplear los términos de búsqueda “yaraví 2012”, Youtube arroja 545 resultados, pero no todos muestran creaciones del presente año sino resubidas o covers. Podemos encontrar datos erróneos o incompletos en sus títulos, descripción y etiquetado, por lo que no es posible un refinamiento de la búsqueda. Nos queda explorar todos los resultados. Puede ser muy entretenido si tienes tiempo libre y no estabas con una inquietud específica.

Junto a las cargas de cultura bienintencionada, pero desorganizada, deben coexistir los aportes especializados y rigurosos (el aportante independiente o poco preparado puede aprender de ellos, muchos lo harían por solo el gusto de hacerlo). Estos deberían partir de un lugar, El Museo del Yaraví.

La Resolución Directoral Nacional Nº 1222 (2009) del entonces Instituto Nacional de Cultura, declara al Yaraví como patrimonio cultural de la nación en tanto se trata de un género musical de raíces prehispánicas que ha ido transformándose en su transmisión generacional y que hoy constituye una de las más bellas expresiones musicales del alma mestiza peruana, la misma que contribuye significativamente a la afirmación de la nacionalidad peruana.

Algo tan importante, reconocido por el pueblo y su gobierno, merece un espacio. No solo para entretenernos y aprender, sino para posibilitar una nueva etapa en la evolución del yaraví. La mencionada resolución directoral reconoce como sus antecedentes al bucólico harawi y los guerreros hayllis, así como su mutación producto de la exposición ante elementos extranjeros como el castellano e instrumentos como la guitarra. Después de leer esa resolución en su totalidad, suena muy tonto el discurso de los que pretenden “defender lo nuestro” ante la globalización, por medio del congelamiento de las costumbres. Como si fuera incompatible con la preservación, como si lo arequipeño hubiera surgido espontáneamente del Misti.

En sus Notas para una biografía del yaraví, Raúl Porras Barrenechea, dice

Arequipa presta, además, a los yaravíes de Melgar el escenario indispensable del campo que es nota consustancial del yaraví. Este, según lo apunta el prologuista de Melgar no puede surgir en las ciudades porque requiere soledad, silencio y un aire de égloga. Arequipa con su campiña y su paz rural alienta el alma soledosa del yaraví.

Dudo que nuestra ciudad pueda ofrecer eso ahora, es tiempo de mutar.

Un museo del yaraví, bien desarrollado, puede satisfacer las necesidades laborales, turísticas y de cohesión de su localidad. Puede ser el estandarte de la interculturalidad arequipeña que por años se ha negado. Asumiendo esos retos podemos renovar este género musical tan nuestro y tan de otros lados (Huamanga, Cusco, Huánuco, Ecuador, Argentina). Tal vez podamos renovarnos a nosotros mismos.

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