Crecimiento vs Desarrollo Urbano: torpezas y nulidades

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Efectos del boom: Asomos urbanos en cercanías rurales.
Imagen: MHZ.

Paseaba por la campiña de Cayma tratando de capturar unas vistas al imponente celaje del ocaso sabatino. Una joven pareja paseaba en bicicleta por aquella sinuosa carpeta asfáltica pedaleando en medio de verdes chacras. Ellos también se detuvieron, cámara en mano, a tratar de fotografiar el cielo de aquella moribunda tarde. Era el sitio perfecto. Sin edificios y sin torres de alta tensión, el celaje era todo para mí. Disparé mi vieja Kodak esperando el premio de una buena toma. Pero no fue tarea fácil. Antes lo podía hacer desde mi casa, hasta que mis vecinos me cortaron la fortuna de poder apreciar desde mi escritorio, espectaculares puestas de sol. Hoy, esas vistas han sido reemplazadas por adefesiosas moles levantadas de la noche a la mañana y, obviamente, sin considerar los efectos colaterales de sus “libertades” de inversión.

Sin duda, el boom inmobiliario está transformando el rostro de la ciudad. Basta ver los nuevos perfiles edilicios que se yerguen en el cambiante paisaje urbano en distintos barrios para darse cuenta que muy pronto tendremos que ir más lejos para ver una puesta de sol o para tener derecho a gozar de un jardín soleado.  Atender la demanda de vivienda es un buen negocio inmobiliario pues la demanda siempre estará por encima de la oferta.  Lo malo es que la creación de espacios para vivienda, equipamiento y servicios implica la utilización de un suelo que no puede reproducirse, al ser el suelo urbano un bien agotable. Habilitar nuevo suelo para fines urbanos demanda de un proceso de planeamiento que oriente la ocupación de territorios que cumplan, mínimamente, requisitos básicos para soportar actividad humana de cualquier índole. Lo malo es que no todos los suelos son buenos para usos urbanos, ya sea porque están reservados para otros usos, porque detentan una deficiente capacidad portante, porque tienen un relieve muy agreste o porque simplemente tienen un uso que no se debe cambiar por otro.  Lo malo es que a pesar de ello, la ciudad acusa crecimiento agresivo e incontrolable sobre territorios indebidos, a vista y paciencia de quien(es) debería(n) resguardar el interés de la ciudad.

El crecimiento espontáneo que acusa Arequipa pueden observarse en muchos lados; desde Uchumayo y las Pampas de San José, hasta Chiguata y Polobaya. En estos lugares, solo puede verse eso… crecimiento; pero, desarrollo? Nada de nada!  Los más vivos se “cuelgan” del desarrollo, como aquellos delincuentes que han organizado invasiones a lo largo y ancho de la autopista Arequipa – La Joya, un eje comunicacional que debió pensarse bajo una perspectiva multimodal, pero ahora ya está irremediablemente condenada a ser, de aquí a pocos años, en una nueva horripilante hermanastra de la insufrible y caótica Variante de Uchumayo.

Si pues, Arequipa crece y muchos se alegran de ello. Sin embargo, lo triste es su incipiente desarrollo. No hay desarrollo de infraestructura vial cuando sólo crecen baches, accidentes y congestionamientos. No hay desarrollo de su capacidad y calidad ambiental cuando sólo crecen la contaminación y la aridez. Mientras no haya una clara política de desarrollo urbano y, mientras la gestión del desarrollo urbano esté en manos de oscuros intereses, Arequipa acusará un peligroso y contradictorio crecimiento. Mientras los invasores y los que andan chueco tengan más derechos que los que andan derecho, la ciudad estará en manos del caos, un caos sembrado a propósito; para ganancia de conocidos pescadores oportunistas, gracias a quienes debiendo demostrar ejemplar planificación, ordenamiento, administración y gerencia de una ciudad, sólo permiten torpezas y nulidades.

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