DESALIENTO

La columna

¿Cuál creen que es el efecto, en la lucha integral de la sociedad contra la corrupción, de la liberación de Helen Aizcorbe y su cómplice, Dyana Díaz, por parte del Poder Judicial?

Obviamente es devastador. El impacto de la noticia de la existencia de una mafia, operando desde el corazón mismo de la institución específicamente encargada de combatir la corrupción en los entes estatales, sólo podía ser atenuada por el hecho inmediato de la desarticulación de sus operaciones, del inicio de procesos investigativos, y de sanciones drásticas a los responsables.

Más allá de los legalismos en los que se parapeta –vergonzosamente-  el presidente de la Corte Superior de Justicia, Benito Paredes, para defender inexplicablemente la decisión de excarcelar a las dos principales involucradas, lo que aquí estaba en juego era la posibilidad de que el Poder Judicial y, en general, el sistema de administración de Justicia, recuperara alguna credibilidad y utilidad en la percepción ciudadana sobre su función en la sociedad.

Resulta sorprendente y desesperanzador ver cómo varios jueces, es este caso, han preferido ponerse de costado, ceder a las presiones, mantenerse en la comodidad del anonimato y dejar pasar –una vez más- un acto de corrupción flagrante, escandaloso, cínico y desmoralizante.

¿Para qué entonces sirve la justicia, si ni aún en un caso tan evidente, puede actuar con efectividad? Aunque no lo crean, la excusa del presidente del PJ es que las dos imputadas, a quienes todas las pruebas sindican directamente y quienes no han negado los hechos; es que ambas tienen arraigo laboral. Es decir, el sustento de la liberación es que la abogada tiene “trabajos pendientes” y la secretaria de la Contraloría tiene su puesto habilitado, pues “sólo ha sido suspendida”.

El peligro de fuga de ambas es latente. Y si eso ocurre, finalmente, tanto Benito Paredes como Oscar Béjar, presidente de la sala que dispuso la excarcelación, tendrán responsabilidad directa. Pero, obviamente, no es ese el desenlace que esperamos. Lo que se requiere es que el sistema de administración de justicia se ponga –finalmente- a tono con los tiempos y con las necesidades de una economía moderna, de una ciudadanía en construcción, de una democracia en proceso de consolidación; además de un sentido común contemporáneo para el cual están obsoletos, con el agravante de constituir un verdadero escollo para la modernización y el crecimiento del país.  Su proceder, marcado por la lentitud, la ineficiencia, la falta de compromiso con los valores que inspiran el Derecho, el facilismo de parapetarse tras normas frías y, a veces, sin sentido real, así como la flexibilidad de la que hacen gala cuando se trata de personajes o grupos poderosos,  constituye un escollo para la sociedad. Esa es, en resumen, la gran verdad sobre nuestra Justicia.

Y encima, piden aumento de sueldos. ¡Qué tal lisura!

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2 respuestas a “DESALIENTO”

  1. otorongo dice:

    La madre del cordero es que ambos magistrados están ligados al Poder Judicial que se inclino con Fujimori, lamentablemente siguen en sus puestos amparados en la independencia del poder judicial que les permite hacer de las suyas, coimas por medio.

  2. jose dice:

    Mabel esa entrevista que le hiciste al Dr. Ciro ayer dejo mucho que desear. Tus preguntas fueron muy inocentes e irrelavantes y el Dr. Ciro realmente se dio cuenta de ello.

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