La vida dentro del viejo laberinto

La Revista J. Segura

En tiempos de industria en la Ciudad Blanca, muchos obreros que se partían las espaldas en las curtiembres cercanas al río, necesitaban dónde pasar sus desoladas noches. Viajeros que pasaban por la ciudad, también urgían un resquicio dónde pegar el ojo para continuar su fortuna al siguiente día.

Para ellos, cuenta el historiador Mario Romel Arce, se erigió la Quinta Salas, construida en la década del 60 por Tomás Salas, un  visionario de la inmobiliaria y el hacinamiento. Se trata de un complejo conjunto de angosturas, crujías, encuentros, atajos y pasajes que separan bloques de concreto con escaleras y habitaciones donde descansaba el que no se perdía y que, actualmente,  alberga a más de 170 familias.

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Arce indica que pronto los obreros acercaron a familias enteras a la intrincada fortaleza, al parecer, construida sin más planeamiento que el sólo apuro. Con la debacle de la industria del cuero, en la década del 80, gran parte de las curtiembres del barrio del Solar cerraron y en la quinta el movimiento de los obreros saliendo temprano y retornando caída la tarde, desapareció por completo…


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