Libertad

Sobre el volcán

Imagen: Irene (Libertad) by Adriana Richer

Según Isaiah Berlín, hay como mínimo doscientas nociones de libertad. ¿Qué hacemos frente a esta explosión de sentidos?  Si no estamos en capacidad o no es posible sintetizarlas, sólo queda  escoger una o más nociones para aplicarlas en temas precisos  de acuerdo a objetivos precisos y con conceptos  todo lo precisos que se pueda.  Eso es lo que  intentaremos aquí: tomar dos sentidos de la palabra libertad. Ni los únicos ni los más correctos, sino los que parecen pertinentes en este caso. En primer lugar, la  libertad es capacidad humana de elegir, según la “condena” de Sartre (“el hombre está condenado a la libertad”). Escogemos, decidimos todo el día, desde minucias hasta asuntos de vida o muerte. No podemos evitarlo, por acción u omisión; elegimos hacer o no hacer, decidir o no decidir. Creo que eso ha querido decir Sartre. La otra idea de libertad está  tomada de la antigua tradición griega estoica: libertad aquí significa tomar conciencia de las genuinas  necesidades; o sea  aquellas cuya satisfacción posibilitan la realización del ser humano  en todas sus potencialidades físico espirituales;  individuales y  colectivas.

Eso vincula la idea de libertad a la autoconciencia, al auto conocimiento, como su condición ineludible. Fue declarado en la antigüedad por el oráculo délfico. En la modernidad occidental se ha desarrollado como práctica sistematizada, como “ciencia”.  Solo la persona (auto) consciente puede conocer sus auténticas necesidades y  liberarse de ellas al satisfacerlas. Esa  idea de libertad se relaciona con la de responsabilidad. Debo respetar la libertad y los derechos del otro, si verdaderamente creo en la libertad y en los derechos. Esto  no se da por un proceso natural, sino por educación: la infancia y la adolescencia son las etapas decisivas.  No hay responsabilidad ni libertad  sin consciencia. Los derechos suponen deberes; éstos están antes que los derechos  para un buen ciudadano. El primer deber de un ciudadano, que no sea una caricatura, es el de respetar los derechos de los otros.

Y la libertad también se relaciona con la responsabilidad gracias a la disciplina de las necesidades auténticas a   satisfacer, porque también abundan las seudo necesidades y hoy más que nunca en la historia humana. Es ético lo que satisface una necesidad genuina. Y este ir tras las auténticas necesidades nos disuade o evita ir tras las falsas, nos hace responsables por conciencia, por reflexión y  convicción, no por obligación. Esto descarta  la infantil idea de libertad entendida como  hacer lo que a uno le apetece,  o le da la gana, sin límite  ni control. Sólo el hombre consciente de sí y de sus necesidades genuinas  puede ser libre de las falsas necesidades. Pero no hay derecho absoluto, ya que los derechos de los otros también existen y son lo primero y lo principal: los deberes humanos.La libertad posibilita el desarrollo fluido de todas las fuerzas. Un pagano “absoluto”, como se definía  a sí mismo Guillermo Von Humboldt, decía: “El verdadero fin del hombre  —no el que le señala la inclinación pasajera, sino el que le prescribe la razón— es el mayor y más proporcionado desarrollo de sus fuerzas y la integración de las mismas en un todo. La primera e imprescindible condición para este desarrollo es la libertad”. [1]

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[1] “Karl Popper pensamiento político”, Pedro Planas,  1° edición 1996, Fundación Friedrich Naumann Bogotá, Colombia.

Una respuesta a “Libertad”

  1. Jhonny Weissmuller dice:

    El gran problema surge cuando se la confunde con el libertinaje. Es claro que la libertad individual termina cuando empiezan los derechos de los demás, pero cuando veo una autoridad prepotente que actúa con tal “libertad”, pisoteando mis derechos individuales o que se me respete mi propiedad; o cuando la libertad de gozar de un parque se trunca por rejas, restringiendo mi libertad de desplazamiento, empiezo a tener dudas que libertad sea algo que nos acompaña a diario. A veces somos libres, a veces no; entonces el Himno Nacional no se ajusta a la verdad, verdad?

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