“Lo degollé lentamente como a un corderito”

Amor al chancho

Publiqué esta crónica en el semanario El Búho el 2009, la versión aumentada está en el blog romeoabigeo.blogspot.com. El asesinato del bebe ocurrió en el distrito de La Joya.

 

Se aproxima el medio día. El viento agita los brotes de cultivo, levanta polvo… chilla haciendo eco en la covacha de los esposos Monasterio Mamani que en unos minutos darán muerte a su pequeño Alex Luna /no deseado/ 6 meses de nacido/ Desaguadero – Junio de 2009/ llanto fuerte y prolongado/

Silencio en el lote 18, manzana “S” en “el triunfo” (La Joya), también un leve calor. Según algunos -que se la pasan imaginando la vida- Víctor ingresó al cuarto con harto trago en las venas. Hay quienes dicen que incluso saben qué estaba tomando, siempre hay quienes saben todo.

Víctor comenzó a reclamarle a Epifania cierta desatención y falta de apoyo. Quizá caminaba de lado a lado mientras hablaba, quizá se le espesaba la saliva en las comisuras de la boca, o algunas gotas de su saliva se estrellaban contra el rostro de Epifania. Se sobre paró frente a ella, pienso, se le acercó. Quizá Epifania lo oía de brazos cruzados, quizá sólo agachó la cabeza, quizá vestía el mismo buzo rosado que utilizó en la audiencia. no importa.

Como sea estaban mal económicamente. El bebé lloraba mucho /cuando los bebés lloran así desquician/ Víctor había fabulado la idea de que el pequeño Alex NO era suyo (esa es una teoría postulada por la doctora M.M. de la segunda fiscalía penal corporativa)

De ser así habría presionado a su mujer para deshacerse del pequeño recurriendo al chantaje. “Si no lo matas te dejo”, entonces vale postular que Epifania veía muchas novelas antes de conocer a Víctor y que en estas, una mujer SOLA no vale nada, entonces quiso que su historia, como fuera en adelante, termine al lado de su marido. De otra manera no pudo ser.

Quizá estoy exagerando, pero, luego de conocer los hechos pensar en cualquier cosa sería tan válido como la pena que les van a clavar como una astilla de eucalipto en el culo, por el resto de su vida al “degollador” y su cómplice esposa… maridaje salvaje que avivó la demanda del público, mejor se diga que las ventas de periódicos se incrementaron porque la página roja siempre convoca.

Por más que los padres más sanguinarios de la historia criminal nacional hayan confesado cómo mataron a su hijo de 6 meses, hay detalles que aún divagan sobre la sangre de aquella covacha del lote 18 en La Joya. Pero los detalles se pueden obviar, lo que pasó antes sólo Epifania y Víctor lo saben, sólo ellos lo han vivido. Así que mejor le damos “plei” al complejo aparato que va a tratar de reproducir los factos criminales que han remecido nuestra ya sombría Arequipa.

¡Hasta que llegué al “tonccori”!

Epifania creyó que sería suficiente un pañal para matar a su hijo. “Aprieta Epifania, aprieta y no hagas caso al dolor en los brazos, y si lo tuvieras, en el corazón”, le dice una voz. Así lo hizo, apretó contra el rostro del bebé buscando asfixiarlo /ahora, pregunto al lector si ¿podría imaginar el rostro de una madre matando a su hijo?, el lector seguramente no tiene respuesta… quizá algunos sí sobre todos aquellos que de niños hemos matado un animalito (no he dicho nada)/

Brillan las arrugas en su frente, sus dientes expuestos por una sonrisa o por el esfuerzo. Epifania suda. El gesto es uno similar a cuando alguien trata de quitarse un elemento extraño del cuerpo y le cuesta, o trata de ocultar algo vergonzoso y tiene al tiempo en contra.

Mientras empuja el pañal contra el rostro de su hijo espera que sus bracitos dejen de batirse desesperadamente pero estos se aferran a esta perra vida y cada vez cobran más fuerza, incluso crecen, y son los de un niño de nueve años, ora los de un adolescente de catorce, ora los de un joven de 20, tienen vello, cicatrices y un aro de matrimonio en uno de sus dedos… por decir que esta mujer se ha tirado un futuro que tuvo que ser.

Entonces Epifania exhala lo último que lleva en el cuerpo: una bruma que reproduce voces, momentos, memorias. Está cansada y desiste bajo la mirada corrompida de Víctor que al ver que el pequeño Alex es más fuerte de lo que creían no decide darle una oportunidad porque quizá está hecho para cosas grandes como cada uno de nosotros sino que opta por matarlo él mismo.

El llanto del bebé los pone nerviosos, deben apurarse en darle muerte por el temor a que algún vecino, de los que inventan historias inverosímiles, oiga los quejidos del niño. “Córtale el cuello Víctor” (la misma voz extraña otra vez), entonces este colocó el pequeño cuerpo de la criatura sobre el suelo terroso y con un cuchillo oculto entre las junturas de unas bloquetas sujetó su diminuta barbilla y comenzó a cortar… “lentamente, como un corderito… hasta que llegué al tonccori”, es decir hasta que finalmente su hijo Alex nacido en Desaguadero seis meses atrás dejó de luchar y se abandonó al poco filo del arma y murió, pero sólo porque él no tenía otro cuchillo similar al de su padre, si no el destino habría sido otro y las páginas policiales tal vez hubieran titulado la nota con:

INCREÍBLE, BEBÉ DE 6 MESES MATA A SU PADRE POR DEFENDERSE/

MONSTRITO DEL CUCHILLO DEGÜELLA A SUS PADRES/

WAWA CORTA CABEZA A SUS VIEJOS EN LA JOYA/

NO HABRÁ CÁRCEL PARA ASESINO MÁS PEQUEÑO DEL MUNDO/

Sin embargo Víctor, a pesar de argumentar lo contrario ante el juez, es un hombre fuerte y no halló mayor dificultad en abrir una brecha en la carne de su hijo.

Quizá en ese instante, observando los leves brotes de sangre, Epifania se llevó las manos a la boca, y lloró prolongadamente hasta que Víctor le hizo recordar que debían marcharse porque como en todo asesinato no hay tiempo que perder. Alex ya está muerto y necesitamos desaparecerlo, hay que enterrarlo. Pero no acá sino en otro lugar, lejos. Acá el que menos se daría cuenta /el hermano de Epifania: Pastor Mamani, tiene una casa en Independencia, en Arequipa/. Vamos a amarrarlo con los cordeles que hay afuera. Usaremos unas cuantas ropas y algunos pañales que sobraron. Luego lo meteremos en una bolsa de mercado y nos vamos para Arequipa. Fue lo que acordaron con otro lenguaje, con otras palabras, con otro ritmo cardiaco, con un gran peso encima… con harto sudor en el cuerpo.

Esa misma tarde Epifania llama a su hermano anticipándole su llegada a Arequipa. En el bus Víctor contempla la pampa desde la ventana. La pampa es tan extensa que habrían podido enterrar el cadáver en cualquier punto, por lo menos eso es lo que piensa él, incluso lo decide: “pasando estas casas de estera nos bajamos”, sin embargo renuncia a aquel impulso fruto del nerviosismo, pues teme que algún pasajero lo descubra desde la carretera, enterrarlo en casa de su cuñado será más seguro. Víctor está muy cansado y tiene sed.

Epifania lleva en brazos a su otro hijo de dos años. El ruido del motor la ensordece y por su cabeza solo corretea una terrible escena que a momentos se desvía por pasajes de su segundo embarazo: el pequeño Alex absorbiendo leche de su seno derecho, luego una noche en que sale al patio a recoger algunos pañales de tela del cordel, luego la imagen de un atado de verduras en el fondo de la bolsa de mercado, en la que en ese mismo instante viaja el cadáver del pequeño, junto con otros bultos en el interior de la bodega del bus.

Saber que el bebé muerto se tambalea en cada curva bajo sus pies le eriza la piel a Epifania. Víctor continúa observando la pampa, la ve llenarse de cerros rocosos, del verdor del valle, de las casetas del peaje de Uchumayo, finalmente la cumbre eriaza del Misti le indica que acaban de llegar.

Pastor Mamani, hermano de Epifania los espera. Pocos pasos antes de llegar a la casa los “papás asesinos” siguen pensando en qué es lo que argumentarán.

Al final de la audiencia pregunté a Pastor de qué manera descubrió el cadáver de su sobrino Alex, sin embargo este hombre que denunció a su propia hermana sólo dijo: no sé nada, no me pregunte por favor, no sé nada. Algo como “soy su hermano pero no sé nada”

Víctor y Epifania dijeron a Pastor que la criatura había muerto, en voz baja y sentida, ensayando una pesadumbre irremediable. Víctor agacha la cabeza, Epifania llora, Pastor sospecha pero no puede evitar la pena, trata de consolar a los padres, “que dios lo tenga en su gloria”, luego dice que no queda más que hacer que velarlo y enterrarlo. Sin embargo los papás se oponen, el miedo a que Pastor descubra el cadáver genera una pausa, todo pasa en cámara lenta, cualquier ruido mínimo vulnera la escena.

Se oye la respiración de Víctor, las pestañas de Epifania hacen contacto y es como si una rama seca se quebrara. Todo vuelve a la normalidad. ¿Dónde está el bébe?, la bolsa de mercado está sobre la cama de Pastor. ¿Dónde está el bébe?, Los asesino dirigen la mirada a la cama. Pastor no puede creer que tengan al niño en una bolsa de mercado.

Pero más le costará creer que sus propios padres lo mataron. Por fin Epifania confiesa, quizá culpando a su esposo. Entonces Víctor propone a su cuñado enterrar a Alex en su patio. Para que nadie lo encuentre, para que nadie sepa, para que nadie absolutamente los juzgue, ni les pregunté por qué lo hicieron, para que nadie los joda, para que nadie conjeture, para no pagar por el crimen…

Pero Pastor no acepta y los denuncia con menos compasión de la que los asesinos tuvieron por su hijo. ¿Pastor es un héroe entonces?, no, ese hombre es un hombre, nada más.

El día de la audiencia el juez Celis Mendoza resolvió dar prisión preventiva a los parricidas mientras se realizan las investigaciones, que evidentemente concluirá en una sentencia no menor de 15 ni mayor de 30 años.

Desde ese día he subido a 4 taxis y pregunté a los choferes qué opinaban sobre el crimen, cada quien tiene una versión creíble y una justa pena.

Chofer #1: “ese señor, amigo, el asesino no era el papá de la wawa pero quién era él para matar a esa criatura, no, yo creo que deben darle cadena perpetua… y ahora la mamá, esa mujer está loca, como puede ser tan cojuda, esa señora ya está maldita ya…”

Chofer #2: “lo que pasa es que ahora la situación está tan jodida que hasta está volviendo loca a la gente, mire yo nomás ya no saco lo que sacaba antes por taxiar todo el día, puta, pero tampoco voy a dar vuelta a mis chibolos, haría lo que sea, no sé, aunque sea vendo un órgano. Ese cojudo ha matado porque ya estaba loco… no debe ir al penal ah, a un manicomio debe ir, junto con la mujer”

Chofer # 3: “cómo habrá sido pe, de repente ha estado borracho o drogado y como dicen que su mujer le ponía los cuernos, más eso… ah no, no justifico pero el momento es el momento pe amigo… pero sí, sí deberían ir los dos a la cárcel, siquiera unos 20 años”

Chofer #4: “no sé qué pasa con la gente, ya no quieren a sus hijos, las familias están por los suelos, hay cosas más importantes seguramente, sobre todo para los jóvenes… ah bueno pero ud. Sabe que cuando uno está loco es por gusto… ese hombre estaba loco, obsesionado o siempre fue un asesino sino que todavía no han encontrado los cuerpos que ha enterrado pues, pero igual, igual, deben meterlo de por vida, o aplicarle la ley de ojo por ojo diente por diente, y darle vuelta de una vez… no, no a los dos, a la madre deben dejarla nomás con cadena perpetua para que se arrepienta toda su vida ¿no?… eso también pobre chiquillo, que descanse en paz nomás”…

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2 respuestas a ““Lo degollé lentamente como a un corderito””

  1. mosquetero dice:

    Estoy convencido que el autor de este relato es un enfermo que seguramente sera felicitado por su “grandiosa narracion” pero todos los detalles que se le vienen a la mente son propios de alguien asesino en potencia y que tan es asi que borrara este comentario porque en su enfermedad no reconoce el derecho de opinar

  2. pellet dice:

    Es el Cortanalgas seguro 

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