Play The Game

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La semana pasada me la pasé jugando en Cochabamba junto a medio centenar de actores culturales, tanto de Bolivia (que buscan enredarse con el recién estrenado telArtes), como de Venezuela y Brasil. Era un momento del proceso llamado Cultura de Red, del que ahora me siento parte. Asistí como miembro de culturaperu.org.

Es usual categorizar erróneamente al sector cultural como el conformado por “solo artistas”. Todos tenemos múltiples dimensiones. En ciertos momentos del día podemos ser activista, maestro, aprendiz, pared o ventana. Cosa de elegir tu rol en el juego.

Entre las acepciones de juego, encajan con mi experiencia:

  • Hacer algo con alegría y con el solo fin de entretenerse o divertirse.
  • Entretenerse, divertirse tomando parte en uno de los juegos sometidos a reglas, medie o no en él interés.
  • Dicho de una pieza de una máquina: Ponerse en movimiento para el objeto a que está destinada.
  • Intervenir o tener parte en un negocio.
  • Arriesgar, aventurar.

Varios momentos de la semana encajaron con estas diferentes acepciones, incluso las que parecían contradictorias, como la primera y la cuarta (entendiendo negocio como ocupación, quehacer o trabajo).

En Cultura de Red se busca instalar en las mentes de los jugadores, las claves necesarias para vivir en este siglo y que no son tan nuevas, pues se manifiestan en actos culturales como los aynis y las mingas. Estas lógicas están presentes en emprendimientos sociales recientes como el desarrollo del software libre (desde los 1980’s), las licencias creative commons (desde los 2000’s), el crowdsourcing y el crowdfunding. Estas son resurrecciones de viejas prácticas.

Entre las capacidades que Howard Rheingold agrupó como “alfabetización digital”, tenemos la atención, participación, colaboración, comprensión crítica de la información e inteligencia de redes. Una conexión a internet no basta para cambiar el mundo y tener a la gente interesada. Gracias a las herramientas digitales, alcanzar interés, es un logro cada vez más fácil de alcanzar (usando memes, wikis o videos virales, como la reciente Pandora).

Mientras admiraba la facilidad para tomar acuerdos entre los vecinos bolivianos (y a pesar de eso, su latente necesidad de articularse entre ellos y el resto de la sociedad), trataba de pensar en porque en Arequipa nos cuesta tanto.

Algunas de las respuestas estaban en las experiencias de los asistentes. En Fora do Eixo (Fuera de Eje) lo explican así:

¿Cómo se sostiene el equipo de Fora do Eixo?
Hemos desarrollado una tecnología social que es vital para nuestra estructura. Es un paquete con tres tecnologías. Dedicación exclusiva, que es cuando la gente comprende que la sostenibilidad del sector cultural sólo viene después de que tu le pones toda la dedicación. Vivimos juntos (integrantes de Fora do Eixo) para trabajar todo el tiempo. No hay una separación entre trabajo y vida. Pero no hay ocho horas de tortura y ocho horas gastando consumo para anestesiar esa tortura. Tenemos 16 horas de vida y ocho horas de sueños. Y eso es viabilizado por una casa colectiva. Nadie que trabaja en la organización recibe un sueldo fijo. Todos los recursos que ingresan son de todos; todos tienen igual derecho de retirarlas. Y con eso estamos financiando todo lo que necesitamos, viajando, conectando y produciendo.

¿Cómo funciona orgánicamente Fora do Eixo?
Es una red horizontal. Pero esto no quiere decir que no se tenga una jerarquía, pero que se basa en el principio de legitimidad. Quien trabaja, tiene el derecho a proponer y hablar. Es un mecanismo de legitimidad colectiva. Somos 2000 personas directamente involucradas con la iniciativa. Hay casas regionales, cinco, en cada una de las macroregiones de Brasil.

Hernán Casciari, director de la revista Orsai, nos enseña que el mundo cambiará a fuerza de muchas iniciativas (pequeñas) articuladas. Estas casas, estos puntos, como las de Fora do Eixo y de la Fundación COMPA en El Alto. En sus propias dimensiones, que pueden percibirse como grandes en sus comunidades, son pequeñas ante el mundo, pero se asumen como nodos en el globo. Esta visión puede hacer la diferencia cuando hablamos de su sostenibilidad e incidencia.

Ya en casa, el modelo/nodo arequipeño para jugar a cambiar el mundo puede ser una remezcla compuesta por el Tambo de Bronce (cultura comunitaria), ASIM’TRIA (cultura libre), El Festival Construye (debates y exposiciones) y la FIL (incidencia).

Y el encanto de esto, es que todo podemos ponerla en marcha, como desarrollando software libre. Un asunto de intercambios, convertir los picos de actividad en modo de vida y en abrir el código.

Espero poder ampliar estas ideas y contarles lo que estoy haciendo al respecto.

Esta columna se publica bajo una Licencia Creative Commons Atribución 3.0 Unported

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