Retorno a los Apus

Columnas Confesión de parte Luis Maldonado Valz

Crédito: CARLOS CONDORI ROMERO

Desde que el Perú pasó a ser un virreinato español, las ciudades fundacionales hispánicas, principalmente, las costeñas como Lima, Trujillo y Piura, y en menor medida, Arequipa, pasaron a tener mayor predominio territorial sobre los antiguos asentamientos indígenas, debido al rol de intermediación con la metrópoli colonial. La República acentuó esa tendencia, haciendo más palpable el protagonismo de la costa sobre la sierra, excluyendo casi totalmente la selva. Paralelamente, durante el último siglo, el mundo se fue tornando cada vez más urbano, incluso el Perú. En estos antecedentes coloniales, externos e internos, está el origen del complejo de inferioridad citadino, principalmente costeño, de menoscabar lo serrano y a sus habitantes. Esta hegemonía del mundo urbano, sobre el mundo rural, principalmente sobre el mundo rural andino, ha determinado, junto a un problema de exclusión social, también un problema de exclusión territorial. Se ha visto con menoscabo los derechos de las poblaciones andinas, y las políticas públicas, hasta la actualidad, se orientan a postergar sus necesidades, en los programas y proyectos de inversión. Y cuando se han hecho inversiones, públicas o privadas, en estas zonas, sólo han tenido un carácter exógeno, principalmente extractivo, desde agua, hasta minerales. No existe, hasta hoy, un gran proyecto de inversión, de carácter endógeno. El abandono y la pobreza en estos territorios, determina los grandes flujos migratorios a las metrópolis, que impactan a su vez en la formación de cinturones marginales, en deterioro urbano, en contaminación, en desempleo, inseguridad y conflictos sociales.

Con la globalización, los patrones culturales se han estandarizado, lo mismo que el consumo; la oferta se ha homogenizado en casi todas las grandes urbes. En el mismo grado en que ha ido disminuyendo en los territorios urbanos la diversidad, se han ido incrementando los problemas de contaminación, de estrés, de alimentación, de drogadicción, de violencia y de espacio vital. En este escenario, pensando en lo global y actuando en lo local; es decir transformando los recursos locales en productos; así como pensando en lo local y actuando en lo global, exportando no sólo productos, sino también ofertando la singularidad y variedad de estos territorios rurales, las mesetas altiplánicas y los valles andinos, tienen, paradójicamente, una oportunidad de desarrollo. En estas alturas, hay aire puro, hay manantes de aguas cristalinas, hay expresiones culturales variadas y singulares, hay productos orgánicos únicos, hay paisajes, naturales y culturales, excepcionales; hay, en fin, una identidad cultural, absolutamente diferente, a modelos urbanos generalmente alienantes. Por ello, territorios como el Valle del Colca, o el Valle de los Volcanes, resultan sumamente atractivos, incluso para el turismo internacional, y ello es una fortaleza, que bien manejado, puede significar una excelente oportunidad de desarrollo y destaque a nivel mundial. Entre montañas, mesetas, ríos y quebradas (como dice el vals), la alborada y la puesta del sol, tiene otra significación; la significación de paqareq o pacarina, es decir, de amanecer o de origen (de las especies, diría Darwin); es allí donde están los Apus. Por ello, la necesidad de formular un Plan de Desarrollo Territorial Alto Andino de Arequipa, que incluya como hitos: el Valle del Colca, para Caylloma; el Valle de los Volcanes, para Castilla; el Coropuna y su entorno, para Condesuyos; y, el Valle de Cotahuasi, para la Unión. Ese es el propósito del Gobierno Regional que desde hace dos años viene apoyando el PAT Colca, como modelo piloto, en convenio con AECID.

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