Sangre y arena

El regreso

Tenía 8 años cuando fui por primera y única vez a una plaza de toros. Fue un domingo por la tarde en la desaparecida plaza de toros de Miraflores cuando mi padre, pintor, bohemio y amante de los toros, creo que más bien por pose que otra cosa, me llevó a ese “espectáculo” dominical.

Mi primer contacto con el mundo de la tauromaquia fue a través de unas fotos en la vieja revista LIFE que mensualmente llegaba a casa y que me mostraba el mundo a través de enormes fotografías. En uno de esos ejemplares aparecía el fabuloso Ernest Hemingway, muy cerca a un burladero en la plaza de toros de Madrid; allí el escritor posaba junto a su viejo amigo el torero Luis Miguel Dominguín que se alistaba para enfrentar a un toro de lidia. Poco tiempo después y gracias a que mi padre era un cachivachero empedernido, llegó a casa una banderilla. Una suerte de arpón desnudo que tenía una punta afilada de acero que yo toqué con mis deditos inocentes y traté de imaginar para qué cuernos servía esa arma.

Mi padre me explicó a grandes rasgos, como casi todo lo que me explicó en la vida, que las banderillas eran parte de la fiesta de los toros y que un valiente banderillero clavaba en el lomo de la bestia, evitando que éste lo coja y si lograba clavar estos arpones, normalmente 6 banderillas, entonces era una buena faena para él. Yo volví a mirar ese arpón que tenía en mis manos y me imaginé qué sentiría ese pobre torito con esas lanzas que le atravesaban el pellejo. No seguí preguntando porque tuve una sensación extraña en torno a ese mundo de los toros que tanto le gustaban a mi padre y a sus amigos.

Aquel infausto domingo en Miraflores quedó grabado en mi frágil memoria; recuerdo el coso abarrotado de gente pugnando por ver la fiesta brava, mientras apuraban sus vasos de cerveza y gritaban ¡Ole! a cada capotazo del torero. Estaba asustado y no sabía cómo decirle a mi padre que me quería ir, que aquello no me parecía una fiesta y que sus amigos me daban miedo. Apenas pude ver el final cuando el matador, incrustó su espada en el toro y una bocanada de sangre salió por las fauces del animal, mientras se tambaleaba a punto de caer y la plaza estallaba en gritos y aplausos.

Mientras escribo estos recuerdos, siento una ligera nausea y revivo aquellos instantes como un amargo episodio en mi vida. Tenía la certeza que había borrado de mi memoria aquella tarde, pero cada vez que pienso me doy cuenta que no, que nunca lo olvidé, que mi instinto de conservación hizo que creyera que lo había olvidado para sentirme mejor, pero aquella tarde de sangre en la arena está en uno de esos extraños recovecos de mi memoria.

Hoy que se ha puesto en debate la abolición de las corridas de toros, pienso que la humanidad debe buscar evolucionar y nosotros ser mejores seres humanos de lo que somos; y aun cuando este debate estéril entre esa felizmente minoría que goza con la fiesta brava y los que queremos que desaparezca, debemos pensar que la violencia no puede ejercerse contra los seres indefensos ante las banderillas, las picas y las espadas, aunque estén disfrazadas de luces para agradar a unos cuantos aficionados.

4 respuestas a “Sangre y arena”

  1. Rafael dice:

    Me sumo a esta cruzada en contra de las corridas e toros, lo cual encuentro, al margen de que se mate o no al toro, recontra aburridas!!!

  2. GCenteno dice:

    Nunca asisti a una corrida de toros, sin embargo he visto muchas en la tv. Hay sangre y violencia, un animal es sacrificado. Aunque personalmente no soy aficionado a las corridas de toros, opino que la propuesta de abolir las corridas en nuestro pais son una restriccion a la libertad de aquellos que si gustan de ellas, una aniquilacion cultural y una falta de respeto al ambiente de la tauromaquia.

  3. Jorge Luis dice:

    Sigo sin encontrar ARGUMENTOS (ajenos a la victimización y a la sensiblería del columnista) del lado de los que buscan proscribir esta tradición y, aquí, tampoco los he encontrado. 

  4. alberto dice:

    para el sonso de jorge luiz….. y cual es el argumento para tener que matar un toro?…NINGUNO!…andá..weas andá

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