Tiempos de incomunicación

El regreso

Mientras escribo tengo abierto el Facebook y cada cierto tiempo lo reviso a ver si hay algo que me interese o aparezca alguien con quien quiero hablar, de hecho es también para mí una fuente de información de lo que pasa en Arequipa, pues amigos y colegas suelen expresar y contar los últimos acontecimientos en la ciudad. Incluso el alcalde o uno que otro funcionario de la Municipalidad cuelga en su muro fotos o frases de alabanza hacia su jefe, el del bigote, lo que me permite estar al tanto de lo que pasa.

Cada vez más tiempo pasamos enganchados a las redes sociales para consumir información, interactuar con nuestros “amigos” y perder el tiempo. Ya ni siquiera nos preocupamos de llamar por teléfono a nuestros amigos cuando cumplen años, pues apenas nos conectamos al FB vemos en la columna derecha los que están de cumpleaños y ahí nomás les mandamos un saludito y ya está, cumplimos con ellos. Establecemos nuevas relaciones de amistad a través del inbox, hacemos conocer nuestras sensaciones a través de emoticones, sonreímos, lloramos y jugamos por el chat.

Incluso posteamos el ¡Temblorrrrr!! en el momento en que está ocurriendo el movimiento sísmico o minutos después, como si no supiéramos que todo el mundo lo ha sentido en ese momento.

El Twitter nos da las últimas novedades y los trolls están como cazadores furtivos a la espera de uno que otro gazapo para disparar a mansalva y que los demás se sumen al apanado virtual; es como si con eso pasaran a la posteridad como los abanderados de la justicia de las redes, y es que la tentación es grande cuando el error es flagrante en los 140 caracteres del Twitter. La inmediatez de la comunicación y la posibilidad de ser leído por miles de personas, esperando convertirnos en trending topics nos convierte en asiduos consumidores de este nuevo medio de comunicación.

Muchos jóvenes cuentan sus tragedias amorosas a través del DM (Direct Message), es decir ya ni siquiera por teléfono para no gastar el saldo, sino que abren sus corazones y sus almas en busca de consuelo a través de los miserables 140 caracteres. ¿Es esa la comunicación de este siglo?

¿Qué nos está pasando? Tenemos mayores mecanismos de comunicación y contrariamente cada vez estamos más “incomunicados” en el sentido amplio de la palabra, pues ya no nos damos el tiempo para tomarnos un café con la gente que queremos, no hablamos mirando a los ojos a las personas. Pasamos mucho tiempo frente a una computadora o tuiteando lo que vemos o lo que sentimos, en una suerte de calateo virtual cada vez más audaz.

El argumento es obviamente la facilidad con que ahora se pueden resolver los problemas, pues si no ubicamos a una persona por teléfono, le hacemos por el Facebook, le mandamos un inbox o un DM por el Twitter y no necesitamos verla para hablar de lo verdaderamente importante, pues como diría Quino, el genial creador de Mafalda, “lo urgente no deja tiempo para lo importante”.

No hay nada mejor que sentarse a tomar un café con la persona que queremos, con los amigos, con los conocidos y con la gente que vale la pena para hablar, mirarse a los ojos, ver pasar a la gente e interactuar como lo hicimos siempre, sin dispositivos electrónicos, ni chats, ni inboxs, ni DMs. #digonomas.

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