Todos somos Gaza

Confesión de parte Luis Maldonado Valz

La primera vez que escuche hablar de judíos, y mal, fue en el colegio, por los curas franquistas. Los acusaban de haber dado muerte a Cristo (siendo éste también judío; recordemos el cartelito INRI), pues lo tomaban como un impostor y seguían esperando la llegada del verdadero Mesías, que por supuesto también sería judío, pues era el pueblo elegido por Dios, no se sabe por qué privilegio divino. Eran los verdaderos hijos de Dios, el resto pasaban a ser los entenados, prácticamente unos bastardos de la grey. Y así crecí, formado, o mejor, deformado a rigor como creyente católico, apostólico y romano, pensando que los judíos eran unos traidores a Jesús; superados en su apostasía por los masones, pues éstos, siendo creyentes, generalmente de origen cristiano, desconocían los dogmas, como la virginidad de María y del propio Nazareno, quien tenía a Magdalena como mujer y madre de sus hijos; pero esto no era tan grave, lo que no podían tolerar los ministros de la iglesia (también tienen sus ministerios, además de sus misterios), era el anticlericalismo de la masonería, era la negación de su poder, de su papel de defensores del estatus quo, de la inmovilidad (pobre Galileo); por ello, Bolívar, San Martín, Castilla y otros libertarios fueron masones, igual que mi padre. Los que definitivamente estaban condenados al infierno eran los ateos, esos no tenían salvación, y peor si eran comunistas; si para remate, éstos eran además judíos como Marx o Trotsky, eran la personificación del demonio, estaban poseídos por Satanás, y ni el mejor exorcista podría salvarlos. Ahora pienso: ¿esto es doctrina religiosa o es fundamentalismo inquisitorial?

Años después, ya joven, conocí el Holocausto que condujo al asesinato de seis millones de judíos. Supe del ensañamiento de Hitler, Goebbels, Mengele, Barbie, Mussolini y otros carniceros en los guetos racistas, como el de Varsovia. Presencié nauseado el documental “Noche y niebla” de Alain Resnais sobre las barbaridades en los campos de concentración.  Conocí personalmente a Anita Prestes, hija del legendario líder comunista brasileño, Luis Carlos Prestes, nacida en un campo de concentración nazi, donde murió su madre, la judía Olga Benario. Admiré a varios amigos, no judíos, que habían ido a trabajar de voluntarios en los kibutz, de la entonces, joven república de Israel. Tuve y tengo, excelentes amigos y amigas judíos, todos ellos, heterodoxos. Como tuve y tengo, también grandes amigos y amigas árabes, la mayoría palestinos. Finalmente judíos y árabes son descendientes del mismo tronco: Sem; por ello, son todos ellos semitas.  Judíos y palestinos son primos hermanos, tienen una historia común. Pero si el semitismo es una etnocultura, el sionismo no es otra cosa que un fascismo encubierto; es la superioridad de la raza judía. Y lo que sucede entre judíos y palestinos, es la reedición bíblica de Caín y Abel. Israel se ha convertido en un estado fascista y racista; y considerando su poderío militar, incluso nuclear, es una amenaza a la paz mundial, tal como lo expresó reiteradas veces el nobel Günter Grass. La masacre que está haciendo Israel en Gaza es otro Holocausto, equivale a juntar Auschwitz, Dachau, Treblinka y otros campos de concentración en un solo lugar para un exterminio genocida. Lo peor es que la mayor parte de los gobernantes mundiales, e incluso el Papa, voltean la cara y callan en todos los idiomas. Están dejando que los ultra ortodoxos y fascistas de Israel prosigan con sus crímenes de lesa humanidad. Debemos unir nuestras voces a Grass, a judíos dignos como Chomsky en el exterior, y Vanunu en el interior de Israel que purgó 18 años por denunciar el belicismo de su país. Todos debemos ser ahora Gaza.

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