Urbanismo Español en Arequipa

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Imagen: Stefano Constanzo/Fotopedia.

Cuando llegaron los conquistadores españoles, trajeron bajo el brazo una vieja y ancestral receta de cómo trazar y levantar ciudades. El famoso “damero” no fue otra cosa que una fórmula reticular para armar calles y manzanas con las que levantaron prácticamente casi todas las ciudades que fundaron en el Nuevo Continente. Fue así como los ibéricos aplicaron, con mucha fidelidad, aquel antiquísimo invento heredado del proto-urbanista Hipodamus de Mileto, con lo que se reitera la discusión del viejo argumento sobre la supuesta paternidad ibérica de un concepto de origen verdaderamente helénico.

Y al igual que otras en el Nuevo Continente, Arequipa se levantó, mal que bien, a imagen y semejanza de aquel pensamiento urbanístico español -perfectamente vigente en la primera mitad del siglo XVI- y gracias al cual conservamos hoy esa retícula urbana que caracteriza muy bien el corazón de la ciudad.  Y digo mal que bien, pues la aplicación del “innovador” concepto axial, traído a bordo de carabelas y galeones, no habría resultado ser tan nuevo por éstas tierras, al ver una antiquísima Teotihuacán trazada y levantada bajo una sorprendente rigurosidad geométrica basada, justamente, en un damero ortogonal; manufactura genuinamente autóctona; por lo que podríamos volver a argumentar que la presencia del damero en el Nuevo Continente no fue una exclusividad ibérica.

Han pasado poco más de 470 años desde que los conquistadores sembraron en nuestras tierras las semillas del primer boom inmobiliario. De cuando, de pronto y en medio de la nada, -a punta de cordel y varas-  rígidos trazados parieron manzanas y lotes que raudos dieron forma a decenas de ciudades que, como Arequipa, se levantaron al pie de ríos y océanos; ciudades que han visto pasar  muchas aguas, para traernos hoy, después de casi 500 años, algo de aquellas iniciales escenas, en colorida repetición.

El nuevo Plan de Desarrollo Metropolitano de Arequipa (PDM), que reemplazará al Plan de Desarrollo de Arequipa Metropolitana (PDAM 2002-2015), ha sido encargado a manos españolas; lo cual no tiene nada de malo en sí, pues el mundo sigue siendo tan ancho como ajeno. Lo que si nos preocupa son los casos de lamentables intervenciones de arquitectos extranjeros sobre territorios que desconocen -o que conocen muy poco- y sobre los cuales pretenden imponer formas de pensar e ideas de cómo vivir que no siempre calzan con la realidad local.  Si no, que lo digan los juicios a las obras de luminarias de la talla de Zaha Hadid o Santiago Calatrava, con intervenciones tan sorprendentes como discutidas y con orden de demolición.

Por ende, inquieta la forma tan llana y simple con la que el expertise local haya quedado tan al margen de las bases que se pretenden imponer para dirigir el curso de acción de la Arequipa del primer cuarto del Siglo XXI.  Preocupa que los arequipeños no hayamos sido capaces de ordenar nuestras ideas y traducirlas, después de 500 años, en un nuevo código de convivencia social que nos garantice calidad de vida aplicando lo último en materia de ordenamiento y gestión urbanística, paisajística y ambiental. Preocupa que las universidades locales –léase facultades de arquitectura- se hayan dedicado más a producir diseñadores de edificios descuidando la capacidad crítica y activa de quienes dependerá la construcción del futuro urbanístico del país. Preocupa la dejadez de un Colegio de Arquitectos del Perú que no ha hecho mucho en velar por los intereses y derechos de los colegiados en general, y de los más destacados en particular, para exigirles una más activa y directa participación en la planificación del desarrollo urbano del Perú; habida cuenta la responsabilidad histórica de haber sido autores de magistrales paisajes como los de Macchu Picchu, Chan Chan, Caral, Kuelap y de tantos otros sitios que testifican la habilidad de los nacidos en estas tierras para diseñar y construir maravillas culturales.

Preocupa que el nuevo Plan de Desarrollo Metropolitano para Arequipa, no haya contado con una contraparte local solvente, como mínimamente se hubiera exigido en cualquier ciudad que se respete. También preocupa que no se haya exigido transferencia efectiva de know how, como un fallido Programa de Fortalecimiento de Capacidades, cuyos talleres terminaron en meras recepciones de quejas y sugerencias de los pocos asistentes y en donde no se ha fortalecido otra capacidad que la de constatar indiferencia y poca asistencia.

Preocupan detalles pequeños y detalles profundos, como esos misteriosos y anónimos lagos “naturales”, en medio de áridas faldas volcánicas. Cómo esperar un PAT de calidad y precisión con muestras de tan poca veracidad e inexactitud? Como quedar mudos ante un Plan de Desarrollo Metropolitano que no considera la creación de una nueva ciudad o el reordenamiento de otras fuera de la provincia como parte de una estrategia para reorientar flujos migratorios y así aliviar la presión y demanda de vivienda en la ciudad de Arequipa?

Finalmente, preocupa que sean muy pocos los ciudadanos que sepan que tienen el derecho, y la cuasi obligación, de conocer y opinar sobre lo que se pretende imponer para el desarrollo de nuestra provincia y su ciudad capital. Preocupa la poca exposición mediática que se le ha brindado a un tema de tanta trascendencia y que no ha permitido evitar que ésta  “segunda llegada de los españoles”, no termine, una vez más, con el simple regalo de un plan, en vez de habérsenos permitido la oportunidad de aprender a planificar nuestro propio destino; pues como bien rezan las Santas Escrituras, más vale al hambriento enseñarle a pescar que regalarle un pescado.

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