De los Andes al Atlántico

Confesión de parte Avatar

Las dos últimas semanas de noviembre tuve la suerte de visitar nuevamente Colombia gracias al Centro de Formación de AECID en Cartagena. Esta vez se trataba del II Encuentro sobre Gestión de los Paisajes Culturales, donde se expuso el Valle del Colca como uno de los casos más emblemáticos. De hecho, las exposiciones de los representantes de la Municipalidad de Caylloma y del Ministerio de Cultura, fueron muy celebradas por los expertos de América Latina y España.

Previamente al evento, conocí Medellín y comprobé la pujanza de esta bella ciudad andina, que alguna vez cargó con el  estigma del crimen y del narcotráfico. Hoy es un símbolo de progreso, de seguridad y de desarrollo económico y social. La capital de Antioquia, con 3 millones de habitantes, hace 15 años tiene metro, antes que la renovada Bogotá, y por supuesto que la atrofiada Lima. Su urbanismo ha superado las limitaciones de un valle estrecho y largo, con una fisiografía de laderas y pendientes, en cuyo centro está el río que vertebra la ciudad y contiene los principales centros de servicios. Este eje, se articula con las colinas con vías y áreas arborizadas, y con los grandes conglomerados populares, en lo alto de los cerros, a través de teleféricos, llamados metrocable, donde han sido localizados y equipados modernos parques temáticos, envidia de cualquier metrópoli. A través de la cultura y el esparcimiento se ha logrado paz y desarrollo ciudadano. Los paisas, como se les reconoce, están orgullosos de su patrimonio, natural y cultural, como por ejemplo, la plaza Botero y el Museo de Antioquia, donde la obra de este extraordinario artista, se expone abiertamente con la magnificencia de sus numerosas esculturas y extraordinarias pinturas; o también el Parque Arví, una reserva ecológica, al que se llega recorriendo muchos kilómetros en un vagoncito colgado de un cable para no alterar la densa floresta sobre una gran meseta, donde se puede apreciar una variada y genuina vida silvestre. Si pues, Medellín es la prueba de que es posible transformar positivamente una urbe, y sobre todo, mejorar la calidad de vida de sus pobladores, cuando hay voluntad política y capacidad técnica y de gestión.

Ya Cartagena es muy diferente. El sello colonial ibérico es muy marcado. Fue el principal puerto de exportación de oro y plata de América a España, y por tanto codicia de piratas y corsarios, lo que obligó al desarrollo de un urbanismo defensivo con murallas y fortificaciones. Hoy, posiblemente es el mayor centro turístico y de convenciones de Colombia. En el Encuentro sobre Paisajes Culturales, entre otras casos, se expuso el Paisaje Cultural de Río de Janeiro, nominado en julio de este año como Patrimonio Mundial. Merecido reconocimiento a esa fusión de ciudad y naturaleza, que contiene: el mar; la Bahía de Guanabara; su litoral, con playas y paseos como los de Ipanema y Copacabana, donde tenía Niemeyer su estudio; los jardines de Burle Marx en Botafogo y Flamengo; el Jardín Botánico, uno de los más bellos y antiguos del mundo; los conjuntos históricos de Gloria, Lapa y Santa Teresa; los edificios emblemáticos como el Museo de Arte Moderno de Eduardo Reidy, o el antiguo Ministerio de Educación, de  Lucio Costa y del genial Oscar Niemeyer, recién fallecido; todo ello coronado por el Corcovado y el Pao de Azúcar, teniendo como fondo la Floresta de Tijuca. Los cariocas dan pues, una gran lección de urbanística y belleza.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

SUSCRÍBETE A NUESTRO NEWSLETTER

SUSCRIBIRSE