LAS ANTIPODAS

La columna

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Generalmente vivimos ignorando el mundo en el que vivimos, como uno que recientemente hizo noticia por un terremoto y que queda exactamente al otro lado del planeta, respecto a Perú. Se trata de Indonesia, lugar donde circunstancias periodísticas inusuales me llevaron en días pasados.

Este país comprende cerca de 17,508 islas, donde habitan más de 237 millones de personas, convirtiendo a Indonesia en el cuarto país más poblado del mundo, y el que más musulmanes alberga en todo el planeta. En su capital, Jakarta, viven más de 9 millones de personas y, por eso, el tránsito en la ciudad se parece mucho al de Lima, con la diferencia de que, en lugar de combis, allí circulan 8 millones de motocicletas y 3 y medio millones de automóviles. El transporte público incluye buses y metro; y eso ya hace una diferencia.

Pero aquí vienen los parecidos. Después de tres siglos y medio de colonialismo neerlandés, Indonesia obtuvo su independencia poco después de la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, la historia del país ha sido turbulenta, enfrentando los grandes desafíos planteados por los desastres naturales, la corrupción, el separatismo, el proceso de democratización y períodos de cambios económicos.

El lema nacional de Indonesia, “BhinnekaTunggalIka” (“Unidad en la diversidad”), articula las múltiples culturas que terminaron conformando esta nación. Sin embargo, las tensiones sectarias y el separatismo han conducido a violentos enfrentamientos que han minado la estabilidad política y económica del país. Su extenso territorio le da una gran biodiversidad, entre las mayores del mundo.

Indonesia tiene la economía más grande del sudeste asiático y por ello es miembro del G-20. Su Producto Interno Bruto (PIB) se estima en 444 mil millones de dólares. Sin embargo, hay grandes brechas entre los sectores sociales ubicados en los extremos y la pobreza, aunque sea difícil de creer, es una característica de esta población, lo que se ve reflejado en las calles de una gran ciudad como Jakarta.

Como los países latinoamericanos, la esperanza de los países asiáticos que no han superado sus lastres se cifra en las nuevas generaciones. Algunos con más visión, ya han iniciado ese proceso hace algún tiempo y ahora están cosechando resultados de haber invertido en su sistema educativo. Como en el Perú, la gran diversidad cultural de este mega país, no ha permitido armonizar criterios y ese tema sigue entre los pendientes de su agenda. La mayoría de los indonesios habla al menos uno de los centenares de idiomas locales (bahasadaerah) que existen, a menudo, como su lengua materna. De éstos, el javanés es el más hablado, al ser el idioma del grupo étnico más grande, pero sólo en Papúa, por ejemplo, se hablan más de 500 lenguas diferentes.

Si nos ponemos a comparar, nuestros retos son menores, por tanto, nuestras oportunidades son inmensamente mayores. Ojalá los peruanos lo entendiéramos así. E iniciemos la marcha.

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