Lugares comunes

Resacas

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Existen ciertas frases que uno repite sin pensarlas demasiado. Y a fuerza de repetirlas nos parecen verdades irrefutables. Son frases cómodas en las que la imaginación se arrellana hasta quedar dormida, ronquidos de la inteligencia capaces de desesperar al insomne. Detrás de estos ‘lugares comunes’ se esconde una burra apatía que se solaza en el error compartido: si tú y yo pensamos equivocadamente, el equívoco se hace ley.

“El maltrato psicológico puede ser a veces peor que el maltrato físico”. Este es uno de esos ‘lugares comunes’ que, si lo analizamos detenidamente, no tiene mucho sentido. Parte del supuesto de que el individuo se divide en cuerpo y psique, sin relación alguna entre ambas partes. Sugiere que si un sujeto es molido a palos, su psique resulta milagrosamente indemne. El maltrato físico conlleva –inevitablemente- maltrato psicológico. Y viceversa. El maltrato psicológico conlleva –necesariamente- una sintomatología: pérdida de apetito que se traduce en pérdida de peso, falta de sueño, alteración del metabolismo, un estado de ansiedad que puede manifestarse de mil maneras. El maltrato psicológico –o el famoso estrés- puede producir hasta heridas en la piel, literalmente. Intentar marcar una diferencia entre un maltrato y otro, es completamente absurdo. Frase bienintencionada, pero que hace más mal que bien.

“Una imagen vale más que mil palabras”. Si hiciéramos un ranking de los ‘lugares comunes’ más populares, probablemente éste se llevaría el primer lugar. Habría que empezar por señalar la paradoja: se hace uso del lenguaje –de las palabras- para darle mayor contundencia a una determinada imagen. Un recurso retórico que atenta contra sí mismo, en favor de la imagen. Este ‘lugar común’ no hace más que demostrar que el lenguaje puede ir en contra de sí mismo sin perder efectividad, la imagen no. El carácter abstracto del lenguaje le permite llegar a lugares a los que la imagen jamás podrá acceder. ¿Es posible expresar en imágenes lo que dice la susodicha frase? Es más –y he aquí el quid de la cuestión- una imagen por sí misma no dice nada. Precisa de un contexto para ser cabalmente entendida, y este contexto –por lo general- está conformado de palabras. De los ‘lugares comunes’, aparte de ser éste el más popular, es también el más peligroso. Se privilegia el impacto inmediato, en menoscabo del juicio crítico. Jugando con la frase, podría decirse que basta una palabra para transformar mil imágenes.

“Dios perdona el pecado pero no el escándalo”. No puedo estar más de acuerdo con esta frase, pero no del modo en que usualmente se la interpreta y entiende. No he podido dar con su origen, aparentemente pertenece al acervo vasto de refranes populares. Puede uno –así se interpreta- obrar mal siempre que sea puertas adentro. Más vale aparentar, que ser. La sonrisa del villano a espaldas del abrazo. La sociedad demanda ciertas formalidades, que la manzana luzca apetitosa así esté infestada de gusanos. Conviene pensar así si queremos librarnos de toda culpa. Si se hiciera una breve historia del escándalo, de aquellos hechos que en su momento escandalizaron y hoy no provocan perturbación alguna, por más breve que sea ocuparía fácilmente varios centenares de páginas.

La indignación persiste en el tiempo, el escándalo varía según los pueblos y las épocas. Se suele decir que a toda acción corresponde una reacción. Muchas veces ocurre que la reacción completa la acción, y de hecho, ayuda a definirla. Depende de uno ser generoso o mezquino en nuestras reacciones. Aquel que se escandaliza por una u otra cosa, exhibe su careta moralista (a la que tanto nos gusta sacarle brillo) para ocultar su propia corrupción. Propongo reescribir así el refrán: “Dios perdona el pecado del pecador pero no perdona el escándalo del prójimo”.

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