Oh César, ya están dispuestos los cuerpos de las vírgenes

Amor al chancho

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Oh César, oh demiurgo

Tú que vives inmerso en el poder

Deja que yo viva inmerso en la palabra

(Rodolfo Hinostroza)

Hay alcaldes que creen que son más que una autoridad, si entendemos por autoridad a una persona con envestidura obligada a trabajar por la comunidad y nada más, con un sueldo como cualquier trabajador pero más beneficios, pero que se sobre entiende, con mucha capacidad. Digamos, una persona obligada a servir a quien apostó por ellos como se apuesta por un caballo en una carrera cuando se cree que tiene condiciones y talento sobre los demás. Es una figura por supuesto, “un decir”.

Pero hay alcaldes que creen ser “políticos exitosos” sólo por ostentar el cargo, por recibir saludos como “buen día señor alcalde”, claro que el saludo por más mermelada que lleve puesto es tan o más simple que un pellejo en el caldo y no debería levantar mayor polvo, sin embargo en la semántica de esta especie aquel saludo se oye como “oh César, ya están dispuestos los cuerpos de las vírgenes para que su gloriosa envestidura camine sobre ellos sin ensuciar sus pies tan trajinados por la visita a las innumerables obras ejecutadas por su bendita y poderosa mano, oh César”

Esos son los que se creen una celebridad, los que creen que así Alberto Santos Dumont además hubiese tocado la guitarra con los dientes no daría la talla para sentarse en su sillón forrado de cuero.

Son de los que huelen como Robert Pattinson pero que a diferencia suyo no escapan de la prensa cuando bajan del avión porque, apenas ven cámaras se acercan al grupo de reporteros y dicen a un público ficticio mientras arrastran su maletita con ruedas llena de proyectos y soluciones:  “voy a saludar a mis amigos de la prensa” a pesar de que la prensa está ahí por un burrier español que llevaba clorhidrato en cajas de mate de manzanilla.

Aunque cierto es que de ese grupo “hay uno que otro”, por ser mesurado, que es buen feligrés de la collera del alcalde, a veces tonto útil consciente o alguien que pierde los sentidos cuando no conviene estar alerta. A esos se les descubre con el “test del cevichero”

Me cae mal ese tipo de alcaldes, como mal me caen las divinidades masculinas con estilo usurpado porque la autenticidad escasea, aunque por lo menos estas empalagosas divinidades no te besan a un costado de la oreja cuando entras a su oficina mientras te estrechan la mano fuerte, muy fuerte para convencerte que, inexplicablemente, existe un amor repentino por ti, porque eres periodista o porque formas parte de la comunidad o qué diantres sé yo, luego te dicen “hermano” en seguida dicen un par de “lisuras” para identificarse con tu malafacha y después, cuando le dices de qué se trata la entrevista que le harás responde: “uy hermanito ahora tengo una reunión”, pero señor alcalde son dos preguntitas nada más, “ya pero al toque porque no he almorzado… Ah, y no te olvides que yo he peleado con pandilleros por la seguridad de mi distrito”

Lo del beso podría pasarlo por alto pero escándalo de creerse más que un autoridad en un distrito que no avanza, es imperdonable, por eso resulta satisfactorio escuchar de funcionarios municipales que digan en voz alta “me voy porque acá no quieren hacer ni un carajo” pero más gusto me da oír del mismo funcionario que ha terminado de escribir un libro sobre casos de corrupción en más de una municipalidad. Si es cierto ya saben cuál es mi caballo.

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