Para la minera, nosotros somos unos insectos

Puñetazos

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Hace dos días que estoy de vuelta de un viaje relámpago a Cajamarca. Los viajes casi siempre alteran algo en mí, pero creo que este habrá sido particularmente transformador. No he necesitado mucho tiempo para entender lo que desde hace cierto tiempo intuía. Desde que puse un pie en Cajamarca, las evidencias saltaron: a primera vista la mendicidad es una realidad patente de niños y ancianos, principalmente, en una ciudad que no forma parte de los principales circuitos turísticos. El tan ensalzado desarrollo de la mina merece ser cuestionado. Luego el agua, que te la cortan desde las 8pm. Curiosamente sabemos que las minas necesitan de muchísima agua para poder lograr su propósito extractivo (y destructor). Luego, enrumbé para Cajamarca, junto con Alexander Luna, un amigo fotógrafo que también forma parte del Colectivo Nadienospaga. Nuestro principal objetivo era constatar en vivo y en directo la situación delicada que se está viviendo en la provincia de Celendín en cuyo territorio se sitúa el megaproyecto Conga. Nos reciben las pancartas desde la entrada del pueblo con los lemas claros: queremos desarrollo, pero sobre todo queremos agua. Luego el encuentro con Milton Sánchez, dirigente clave de la protesta de un pueblo entero contra la amenaza real de la minería a tajo abierto que nos permite el privilegio de conversar con decenas de personas de la región que desean ser actores de su propio destino.

Marle Livaque, profesor,  nos cuenta cómo de niño jugaba con los ‘ushunes’ y su amor desde siempre por la naturaleza.. Hernán Becerra, un joven alcalde, rememora sus viajes con su padre, a caballo, para ir a Cajamarca por la ruta que rodeaba la hermosa laguna de Yanacocha. Hoy no queda ni ruta, ni laguna. Legítimamente, su esperanza es que no pase lo mismo con la laguna Azul o con El Perol o con Mamacocha o con las otras lagunas. Yovanna Medina tiene 27 años y una mirada triste y tierna y triste otra vez. Después de decirme que ella está ahí para defender el agua, se sincera aún más y me dice toda la verdad: tengo un hijo y quiero que se sienta orgullosa de mí y que sepa de que, pase lo que pase, yo supe defender lo que algún día quisiera heredarle: la misma naturaleza en la que yo crecí feliz y libre. Esa es la amenaza que representa Conga, la amenaza al pasado , al presente y al futuro. 

A María Abanto le siguen doliendo los cuatro muertos de las protestas; cuatro personas que fueron asesinadas de una bala en la sien por miembros de las FF.AA. Para las mineras, para el gobierno, nosotros somos como unos insectos, me dice casi frustrada. Sara Collantes, su amiga, la consuela, mientras nos dice: “a mí nadie me obliga a estar aquí, apoyando la lucha, yo soy comerciante, podría irme a cualquier sitio, pero no me iré a otro sitio, esta es mi tierra, la amo y quiero defenderla”. Luego hablamos con Víctor, Marino, Charito, Karin, Quin, Lynda, Vilceth, Natividad, Reyna, Freddy, y tantos y tantos otros hombres y mujeres del mercado, del colegio, de los sindicatos, de la calle, de la iglesia, de las comunidades, de las municipalidades. Todos profundamente conmovidos por su lucha, convencidos del marco de justicia que ampara sus sencillas aspiraciones de seguir viviendo en un lugar que no esté contaminado, pero también íntimamente decepcionados de ese candidato que les preguntó en la plaza pública si acaso no preferían el agua al oro y que les juró defenderla si llegaba a ser presidente. Luego, subimos hasta las lagunas, pero pasamos previamente por Shanipata, donde tenía lugar una Junta de Aguas con todos los ronderos de la zona.

Presencié la discusión colectiva sobre el estado del agua de las lagunas; Daniel Gil les preguntaba a los otros ronderos y ronderas: ¿acaso alguna vez nos hemos enfermado de haber bebido el agua? ¿acaso no pescamos truchas? ¿acaso no regamos nuestras plantas con esas aguas? Y pensar que la agraciada Mariella Balbi, el infausto Jaime de Althaus o la progre Rosa María Palacios decían que esas lagunas tenían caca. Finalmente, las vi, límpidas, dibujadas, míticas pero tan reales: la laguna Cortada, la laguna Azul y percibí a lo lejos otro par. Alex llegó hasta el Perol, donde por las noches Yanacocha ya está trabajando. Es una gran mentira que el proyecto esté detenido. Yo he visto la maquinaria que la DINOES, vergonzosamente, se encarga de proteger como si fueran los guachimanes privados de la empresa minera. También he constatado cómo esta fuerza de élite de la policía intentó amedrentarnos con prepotencia, con arma de largo alcance en mano de que nos fuéramos. Confieso que en ese momento tuve miedo, pero más puede ahora el coraje y la indignación. Más aún ahora que lo sé y que lo he visto. Y no necesito vivir en Cajamarca para comprenderlo, basta con mi sentido común de ciudadano para saber que de todas las luchas esta es una de las más justas en las que me haya implicado.

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