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Tras los primeros minutos en un curso sobre Gestión de Museos, la profesora advirtió que al finalizar las jornadas todos los participantes serían más críticos respecto a la denominación. “Hoy se pretende llamar museo a cualquier edificio que acoge objetos, sin mayor criterio”, dijo más o menos. También enfatizó la importancia del curso de Gestión Cultural del que era parte con esa ponencia, y felicitó la asistencia de los casi veinte gestores que pude ver en sala.

Minutos antes, volví a advertir que una rara sensación de sana envidia me poseía (risas de por medio). Leí en la Revista de Cultura “Ñ” que la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff promulgó el año pasado la ley del “Vale Cultura”, con la que los trabajadores recibirán 25 dólares por mes (50 reales) para gastos culturales: las opciones son diversas, cine, teatro, exposiciones, libros, revistas música y cine, dependiendo de los locales que lo acepten. Esa ley entrará en vigencia este año, dijo la Ministra de Cultura, Marta Suplicy, hace poco.

“¿Por qué el pobre no puede acceder a la cultura?”, se preguntó la Ministra, y explicó que de esos 50 reales que se dará por mes, la empresa pagará 45, que podrá descontar del impuesto a la renta, y el trabajador los cinco restantes.

¿Qué tiene que ver un curso de Gestión Cultural en Arequipa con la auspiciosa ley que entrará en vigencia en Brasil?, se preguntarán ustedes. Mucho o nada, de acuerdo a cómo se decodifique la información y para ello hay que advertir que al citado curso, por ejemplo, no han accedido los encargados del área cultural de las municipalidades provincial y distritales de la ciudad y, menos, de la región.

Para algunos, el deseo fue truncado por el factor económico. Y el curso al que me refiero tiene una tarifa que para muchos lamentablemente, es imposible pagar. Para la mayoría (de los encargados de cultura), me atrevo a sospechar, carece de total importancia. Con lo que saben les basta y sobra. Además, tienen una “larga experiencia” con año tras año de pasacalles , danzas-festivas y eventos similares que se atreven a internacionalizar, cuando lo que hacen es colocar la denominación y traer a algunos vecinos a que sustenten el nombre (por favor, no me malinterpreten. Hay vecinos y vecinos).

Un curso de Gestión Cultural es caro, si se pretende contar con una plana de docentes de primera. Penoso afirmarlo, pero la mayoría están en Lima, o sea que agreguen pasajes y estada a los costos. Para financiarlo, los organizadores ofrecen un presupuesto base que permite hacer la convocatoria y pagar los costos prioritarios, pero hay gastos que deben cubrirse y en la vida, todo cuesta.

Lo que me sorprende es que no haya un mínimo esfuerzo desde ¿el Ministerio de Cultura?, ¿el Gobierno Regional?, ¿las Municipalidades?, ¿el empresariado local? para hacer una “chanchita” que financie la participación de esos gestores que hacen lo que pueden en las municipalidades más cercanas y las más lejanas de nuestro mini-planeta Arequipa

Un país que aspire a lograr una identidad compartida tiene que formar Gestores Culturales (o llámenlos como quieran) para que desarrollen una programación, desde sus ámbitos, coherente y favorable al enriquecimiento intelectual de la comunidad, sin dejar de lado la sana diversión que deberían incentivar, y para que faciliten la interacción oferta cultural-público.

¿Sería mucho pedir que el Gobierno de Don Ollanta Humala y sus Misternistros revisen la ley brasilera? No lo sé. Lo que sí veo factible es que la gente con poder y más de cuatro dedos de frente analice la situación y haga algo por el rubro CAPACITACIÓN. Así, estos y los futuros asistentes a cursos de Gestión Cultural saldrán con espíritu crítico y argumentos suficientes para no estar llamando museos a cualquier cosa, por ejemplo.

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