Arguedas Pachachaca

Columna de letras

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Pachachaca significa puente sobre el mundo
Los ríos profundos

En contraposición a algunos inocentes prejuicios que suponen a Arguedas un escritor del pasado, la atenta lectura de su obra, por el contrario, revela que Arguedas es un escritor del presente y el futuro. Porque representa una hazaña inaudita: la introducción de una visión de la realidad desde “dentro” de la cultura andina en la literatura peruana; discurso en el que ha dominado largamente la visión cultural criolla. El trabajo de Arguedas hizo y hace de nuestra literatura más dialógica y auténtica. Dicha hazaña en la literatura, solo pudo ser posible reinventando el lenguaje, creando un lenguaje que al lector le da la impresión de surgir de “otro mundo”, un universo mucho más complejo que el que ofrecía la narrativa indigenista, por ejemplo. Es decir, Arguedas es un puente comunicativo, un puente cultural entre dos mundos que es a la vez un mundo.

Desde la conquista, nuestra historia cultural puede ser leída también como una historia de la incomunicación. Pachachaca es un precioso símbolo de una intersección comunicativa entre la cultura quechua y la española. Pachachaca es el río profundo “donde una vez quedé abandonado”, dice Ernesto, el protagonista de Los ríos profundos. Pero Pachachaca también es el puente “construido por los españoles”. Los ríos profundos tantas veces descritos como una representación del ande, como una “querencia”. “Los ríos siempre fueron míos”, repetía Ernesto. Río y puente constituyen, en términos alegóricos, el quechua y el español, la cultura andina y la criolla; de las que estamos constituidos los peruanos. Somos uno pero uno heterogéneo. Nos reconocemos como un Nosotros pero también diferentes. Sin embargo, aún hoy, este diálogo cultural nos sigue y seguirá siendo esquivo sino afrontamos el desengrilletarnos de nuestros egoísmos y vivir felices todas nuestras patrias, parafraseando a Arguedas.

Dos casos 2012 (aunque el año ya se fue los casos persisten) emblemáticos de la lamentable vigencia de esta incomunicación cultural lo representan el VRAE y el de Conga (va o no va). El primero, como recordaremos, devino en una absurda violencia, y el segundo ya ha dado muestras pero es sobre todo de una latencia espeluznante. De una parte se dice que los pobladores no entienden el beneficio del proyecto para ellos mismos; y los pobladores, que los de la minera no entienden nada que nos sea ganar dinero. Aquellos (minera) interpretaban que los pobladores solo quieren su “pedazo de la torta”, y estos que solo les “quieren hacer daño”. En común, ambas son expresiones de rechazo al diálogo”. Es decir, se trata de una Babel cultural.

Y no es que la literatura o Arguedas solucionen estos problemas que son de naturaleza y resolución directamente política. Pero la obra de Arguedas que representa un símbolo de la naturaleza literaria, por lo tanto ideológica y cultural; recrea magníficamente la suerte de la encrucijada cultural de los peruanos, del dominio de unos sobre otros. Pensemos en su cuento Agua que aborda la problemática de la distribución de esta. Y en su novela más ambiciosa Todas las sangres que tiene como eje central la mina y dos visiones contrarias de esta.

El puente dialógico entre nuestras culturas sigue siendo nuestro presente y nuestro futuro esperanzador. ¡Arguedas Pachachaca!

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