Loco me llama la gente (crónica de playa)

Amor al chancho

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La lampa se planta “recto”, sin inclinación alguna. -La tierra se remueve suave nomás y no se la bota lejos-.

Luego de hecho el hueco, sin más esfuerzo que soportar un calor que me he permitido calificar como “calor de la csm” plantamos dos raíces frescas de Hierba Luisa, esa que viene en la “Energina” y que es mejor que el té.

Dentro de tres meses la hierba cobrará espesura y estoy seguro que no faltarán los aduladores que digan: -Don Carlitos buena jungla la que flanquea su local, plátanos gigantes, tomate por doquier, maíz fresco, sandía dulzona y hasta Hierba Luisa pal´ mate… Por favor cuídela de la bendita Papacora que es una m… Felicidades don Carlitos…-

La lampa va recto porque así lo dice don Carlos Vargas Valencia, será su gana o su experiencia, con éste señor nunca se sabe porque quizá esté loco y no de remate sino por pura conciencia de que el resto siempre está durmiendo cuando él está pensando cómo cambiar el mundo. Por lo pronto ya cambió el suyo propio, hace muchos años y por entregas, como una modesta pero brillante película.

Donde ahora funciona su restaurante hace más de 30 años dormía un arenal que sólo pisaba el cangrejo desnudo y la lagartija color piedra, ahí sólo soplaba el viento leve, se ovillaba la “camanchaca” sobre el “tuto” del bofedal y el “surumpe” le sacaba la quinina al fierro… -Ahí no había nada-.

Pero en 1974, “El loco” o “Che Varguitas” como le gusta que le digan (aunque no más que “El rey de las mujeres”) erigió un templo del buen filo y la sazón, del buen diente, del alimento que se queda en las tripas y en el corazón: el “Tambo Marino”, restaurant turístico, donde los evangelios del tajo de la buena carne se sirven en plato de buen fondo.

Quienes entonces lo vieron, quienes entonces oyeron de su propia boca que el futuro del arenal sería un gran balneario, se rieron y le llamaron, cómo no, “loco”. Era 1974 dije, cuando Varguitas y su bella mujer plantaron la primera olla en la arena, frente al mar y bajo el grito de los pájaros que los recibieron en su paraíso virgen. Fue duro comenzar pero valió la pena. Hasta ahora hay quienes recuerdan reses y corvinas colgando de ganchos listos para los sagrados calores del fogón.

Y la gente que sólo miraba hasta la punta de su dedo gordo del pie empezó a cruzar la campiña y llegó al mar a bañarse y comer, otros, sólo a comer…

Entonces se armó una fiesta que está por cumplir los 40 años. Hoy el balneario de Punta de Bombón es uno de los más concurridos del sur y la gente que en el 74 llamó “loco” a Carlos Vargas, hasta ve cómo sus hijos y nietos ahora se relamen el guiso de los labios, se chupan los dedos mientras ellos callan y prefieren olvidar su incredulidad aunque reconocen la “proeza” como Vargas llama a su restaurante.

Si “Che Varguitas” no fundó el balneario de Punta de Bombón que se lo lleve un Tsunami mañana mismo.

En enero de 1991 cuando el aún primitivo balneario no tenía los servicios básicos, otra vez “el loco” de la idea de vender comida en una playa con una histórica ausencia de bañistas, cambió ese pequeño mundo. Tras meditar saltó de su silla y cavó un hueco en la arena con el propósito de encontrar agua y la encontró, a casi cinco metros de profundidad. Agua filtrada del Río Tambo, una impecable corriente que, hasta antes de la loca idea de Varguitas de extraerla, se perdía en el mar.

Cuando cierra los ojos, todos piensan que duerme, -ha de ser la edad- dicen, pero no saben que está planeando nuevas conquistas… -Voy a plantar Hierba Luisa junto a los plátanos-…

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