¡Peyo dignidad!

El Espantacuervos Jorge Alvarez Rivera

pitufo selva alegre

Sr. Omar Candia Aguilar
Alcalde de Alto Selva Alegre

Al parecer hemos alcanzado el punto más bajo en ese flagelo que es para el país la existencia del racismo. Durante siglos, cholos, blancos, sacalaguas, chinos, negros y demás nos hemos enfrentado en una guerra dialéctica en la cual los insultos han ido incrementando su calibre. Es hora de ponerle freno.

No ayudan a curar al país esas insinuaciones veladas a través de los muros del distrito en donde solo el sueño caucásico es bienvenido. Todos somos hermosos, cualquiera sea el color de nuestra piel. Por eso, es realmente indignante que se pretenda alterar, solo Dios sabe con qué intención, la imagen de uno de los personajes más entrañables de la infancia mundial.

Sí, estoy hablando de pitufo Filósofo, guardián incomprendido de las ciencias sociales en una aldea hecha con hongos. La contribución del suspirito azul con lentes al pensamiento de su comunidad va más allá del simple acto de pitufar.

Él siempre quiso ver más lejos, al punto de caer espeso en múltiples oportunidades, siendo arrojado a largas distancias, en breves exilios que seguramente soportó con donaire. Como los grandes pensadores, sus ideas revolucionarias siempre causaron malestar entre sus contemporáneos. Su trabajo no es caerle bien a todo el mundo, es precisamente tratar de ser la espina en costado, la mosca en el café, la chela tibia.

Quien sea el autor de ese atentado contra la dignidad de la piel azul, a estas alturas, ya es irrelevante. Mejor mantengámoslo en el anonimato, para evitar represalias de quienes siempre ven en estos conflictos raciales la mejor oportunidad para convertir sus resentimientos en violencia. No es lo que queremos. Pero urge tomar acciones para evitar que el visitante desavisado se haga una idea errada del distrito.

Alto Selva Alegre es uno de los pocos pulmones de la ciudad, y el parque que lleva su nombre es un crisol de peruanidad cada fin de semana, en donde las familias se reúnen en torno a un lago, fritangas y animales traídos de otros lados para compartir la alegría de estar juntos. Colocar a un pitufo blanco, casi albino, en la pared del ingreso al distrito es perturbador, ya no solo para los que fuimos seguidores de las aventuras de esos pequeños perseguidos por Gargamel y Azrael, sino para todo aquel que considera que esos temas raciales deben quedar en el pasado.

Si no le gusta el color azul, ni modo alcalde, deberá lidiar con sus demonios internos. No queremos creer que hay discriminación contra el que es diferente, mucho menos contra una población minoritaria constantemente amenazada por un viejo, acaso fascista, y su gato hambriento. No hay derecho a alterar la naturaleza humana en aras de un delirio absurdo. ¿Qué es esto, el Cuarto Reich?

Ojalá esta afrenta sea reparada en el corto plazo y pitufo Filósofo pueda lucir orgulloso el azul insignia, propio de su congéneres.

Todos somos hermanos.

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