…Por encargo del diablo

Amor al chancho

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Discúlpame Wiener, te dije que replicaría tu columna con historias sobre mi abuelo, el Ex combatiente, pero ¿te enteraste sobre el zambo caficho del Vaticano y demás?

“El chongo del Vaticano” es retórica pura, la puntita del chupete. Ni una frase, en el mejor vuelo de John Fante, podría describir el desmoronamiento institucional que afronta la iglesia, al parecer, por encargo del diablo o por impulso del hombre.

Un claeista sufrió menos de lo que hoy sufre un católico, católico fan del advenimiento pero temeroso de la tribulación.

El Vaticano ha sufrido un deslizamiento en su moral inquebrantable, eso también es retórica. Con todo, nadie quiere creer lo que pasa en ese lugar, donde sólo hay hombres con problemas de hombres.

Mi mamá por ejemplo, dice con pena que Jesús se encuentra bajo la piedra y la madera, y el resto es puro mueble, pero sabe que una institución es lo que acerca al hombre con la creencia, no es fácil prescindir de una representación, en el sentido más histórico de la afirmación, si miento, entonces soy un mentiroso.

Los titulares de los periódicos se han referido a la dimisión de Benedicto 8+8, con las mismas palabras que hace unos años (antes de los “realitis” y “Combate”) se anunciaba las novelas brasileñas de poco llanto, donde la matemática existencial (Milan  Kundera, dixit), era por supuesto exacta, a pesar de tratarse de ficción para amas de casa tolerantes a la congoja y la rabia (en ese orden).

Uno de esos titulares es “Sexo, dinero y poder” el católico que va a misa los domingos y sigue el tema de la revocatoria, a pesar de vivir en Umacollo, se preguntará ¿Qué pedazo de mundo podría reunir esos placeres?… El Vaticano, nada menos, no la parroquia de la esquina donde se bautizaron todos los niños de la cuadra, donde hicieron la catequesis, que por cierto yo nunca hice porque, al igual que el curso de Doctrina Social de la iglesia, no sé para qué sirve.

Al parecer, en el Vaticano hay ese tipo de sexo que describe Bukowski en “La máqina de follar”, ese tipo de mega robo que se encarga de fragmentar la caja de una institución en dos o tres y desviar los recursos gruesos a la grande y hacer la finta con la chica.

Creo que ni en el congreso de la república se habló tanto del sétimo mandamiento como en el Vaticano.

En el hemiciclo el “no robarás” no opera como mandamiento sino como advertencia, mientras que en la santa sede sí, pero es un mandamiento abajo del “no cometerás acto impuros” que como todas las leyes debió sufrir una importante modificatoria que diga “no tocarás un pelo a un niño, lo que hagas con tu cuerpo o con el de tus iguales es materia de tu libre albedrío”

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