Del chongo su autopista

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Del chongo su autopistaMuy pocos saben detalles del proyecto. No se han expuesto públicamente planos, ni maquetas, ni memorias descriptivas que permitan a los futuros usuarios conocer algo acerca de la obra. Tan solo se ha deslizado que será “muy similar al zanjón del Paseo de República” y eso ya es suficiente motivo para despertar mi curiosidad. Por supuesto, nos estamos refiriendo a la insufrible e impresentable Variante de Uchumayo. En principio, nos gustaría saber qué otras alternativas de solución se han estudiado y bajo qué criterios han sido descartadas para optar por la que se pretende ejecutar; asumiendo, claro está, que dichas alternativas hayan sido efectivamente planteadas.  En segundo lugar, debemos evitar el error de pensar únicamente en la obra física en sí, como si fuera una isla; dejando de intervenir el territorio circundante a la obra misma. Inclusive, deberíamos dejar de diseñar secciones de vía considerando únicamente el dominio público; pues en cuestiones de paisajismo vial, el dominio privado también debe ser incorporado en el planeamiento. Lo que pasa es que aquí pareciera que hay ausencia de pantalones y neuronas para poner orden en la ciudad.

Transformar los 4 últimos kilómetros de la Variante de Uchumayo en un zanjón, (el kilometraje se inicia en el desvío a Mollendo) pareciera ser una idea fantástica; pero no exenta de algunos cuestionamientos técnicos. Además del elevado costo en movimiento masivo de tierra (que podría consumir entre 15 y 20% de la inversión total), se estaría generando una barrera peatonal infranqueable entre ambas márgenes de la autopista; lo cual tiene sus pros y sus contras. Lo bueno es que ya no tendremos ticos y camiones dando intempestivamente vueltas en “U”, o canes y vacunos cruzando despreocupadamente de un lado a otro. Lo malo es que mientras con una mano se busca inclusión social (dixit OHT), con la otra se construyen barreras físicas que la impidan. Curiosamente, mientras el mundo civilizado busca la humanización del espacio público, aquí dedicamos buena parte de nuestros impuestos en pavimentar espacio público para uso exclusivo de vehículos motorizados; principales contribuyentes de la debacle ambiental global.

Como repito, desconocemos detalles de la nueva autopista urbana, mucho menos con qué bendito nombre la rebautizarán.  Sólo nos gustaría saber si se tratará de una obra integral o será una más de las tantas obras fragmentadas y aisladas de las que está llena la ciudad. ¿Repararán en la experiencia anual de observar vehículos atascados en las rampas de los intercambios viales, donde jamás funcionan las electrobombas?  (Ya me imagino una piscina de 4 kilómetros de largo luego de los fuertes aguaceros venideros). ¿Repararán en considerar que mucho del tráfico rodado se abastece de combustible a lo largo de los 4 primeros kilómetros (saliendo de Arequipa) y que para continuar haciéndolo utilizarán las vías lentas paralelas, las cuales terminarán invariablemente congestionadas, pues no hay espacio suficiente para una sección generosa?   ¿Mantendrán los vetustos e inservibles puentes “San Isidro”, “Arrayanes” y “Fernandini”? ¿El pavimento será de un resistente concreto o de un débil asfalto? ¿Se eliminarán las largas esperas para el giro a la izquierda en la intersección de la Av. Fernandini? ¿Se incluirán pasarelas peatonales cada medio kilómetro? ¿Se prohibirá el transporte público en los carriles rápidos?  ¿Se incluirán un nuevo intercambio en la intersección con la Vía de Evitamiento, con rampas de entrada y salida que correspondan a la velocidad directriz del tráfico interurbano, o harán mediocres mini rulos como en el puente Quiñónez? ¿Se habrá tenido en cuenta los reportes de investigación que señalan que este tipo de vías son muy peligrosas y causan serios accidentes? ¿Ofrecerá, acaso, una revolucionaria señalización? ¿Habrá semáforos inteligentes en las rampas de ingreso que regulen el flujo en horas punta? ¿Habrá video-vigilancia y control? ¿Tendrá refugios y salidas de emergencia? ¿Contará con pastorales solares auto-recargables y diseñados con especial gusto estético, o serán simples postes de concreto, baratito nomás? ¿Cómo se evitará terminar con muros pintarrajeados, o se llenaran de abaratados avisos y propaganda?

Finalmente, ¿se animarán a recomponer el caótico aspecto urbanístico-paisajístico que hoy impera en ambas márgenes de la Variante de Uchumayo? ¿Se podrá recuperar una reserva de 50 o 100m de sección libre de edificaciones para rampas, bermas y jardines arbolados?  ¿Se animarán a erradicar aquellos antros que hoy la flanquean y dan una repugnante bienvenida a los visitantes? ¿Será aprovechada esta oportunidad para demostrar cómo articulando el desarrollo vial urbano y la gestión de las inversiones pueden fortalecer la identidad y autoestima arequipeña, tan venida a menos en los últimos años?  Mi apuesta es que todo seguirá igual a ras de suelo y que nadie moverá un dedo para mejorar el rostro urbano de nuestra ciudad. Y mi pena, acompañada de profunda vergüenza, será mayúscula cuando concluida la obra vial, Arequipa sea objeto de chacota con sabor charapa, al inaugurar “del chongo su autopista”. Será?

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