Django sin cadenas y con filtro

Columna de letras

Foto Columna de letras 6 mar

Desde Pulp fiction cualquier película nueva de Quentin Tarantino entusiasma. Django sin cadenas no es la excepción –aquí viene el pero–. Pero es una película que a momentos decae y no por falta de acción o tensión, en cuyo manejo, por cierto, Tarantino tiene especial talento; sino porque algunos sucesos del argumento resultan forzados; algunas acciones, ilógicas. Y aunque son fugaces, permiten percibir cierta truculencia. Por otro lado confirma, de manera elemental, el gran y probablemente único tema de Tarantino –en cuyas manos no tiene pierde–: la venganza.

Hay, sin embargo, momentos de extraordinaria factura en los que se siente al mejor Tarantino, como por ejemplo la cena en la hacienda de Calvin Candie. Schultz y Django están allí para cerrar un contrato: la compra de unos negros mandingos, lo cual en realidad es un pretexto para acercarse a Mr. Calvin y comprar (rescatar) a la esposa de Django. Alta tensión sostenida solo en los diálogos y la actuación. Escena en la  que, entre otros, se reúnen los tres mejores actores del film: Leonardo DiCaprio (Mr. Calvin), Christop Waltz (Dr. Schultz) y Samuel L. Jackson (Stephen). Téngase presente que Waltz obtuvo el Oscar a mejor actor de reparto por este papel, con una importante presencia en casi toda la película, su trabajo es muy notable, sencillamente porque es un gran actor. Pero en esta escena quien se luce es DiCaprio. Waltz con Oscar y todo debe cederle espacio porque es su par antagónico, así como Jamie Foxx (Django) lo es de Samuel L. Jackson (Stepen) quien, aunque acompaña a DiCaprio, también se luce, sencillamente porque es un grande de siempre. Stepen es un negro racista de absoluta lealtad y servilismo a su amo al punto de suscribir la esclavitud de los negros y el dominio de los blancos, pero también es inteligente y descubre el engaño de los supuestos compradores (una precisión: utilizo las expresiones “blanco” y “negro” en términos de roles, no en un sentido de afirmación de las razas). A lo largo de la película, Foxx (Django) a pesar de tener el papel protagónico no luce pero queda bien y sale airoso de situaciones como la de tener que convencer a unos traficantes de negros que lo están llevando a las minas a cumplir con trabajos forzados; de volverse cazarrecompensas, de llevarlos a los hombres que hay que matar para cobrar mucho dinero. Esta es una de las cosas que resultan inverosímiles no por la actuación precisamente sino por el guion. Otra es que Django, esclavo, resulta un gran pistolero apenas deja las cadenas. El tiempo de la transformación no se deja percibir, si es que lo hay.

Django que por un lado posee un halo mítico porque su historia se asocia a Sigfrido al rescate de Broonhilda, según la gesta teutona, y por otro es el negro que vengará a los de su raza. Cuando sucede la venganza-rescate, es cuando la película se hace carnavalesca, las acciones no están al servicio de la historia sino al de la espectacularidad. Peor aún es ver a Django en la casa de Calvin, disfrazado de Mr. Calvin, matando a diestra y siniestra blancos para finalmente dinamitar la casa y sellar la venganza fumando el cigarrillo de exagerado filtro de Mr. Calvin, filtro por el que parece haber pasado el personaje Django. Una primera percepción podría asumir que se trata de atribuir la violencia y el mal al blanco, a Candie. Pero en realidad lo que hace es borrar la identidad de Django, un negro esclavo y héroe. En Bastardos sin gloria, una película claramente por encima de esta, los judíos mercenarios que buscan matar alemanes a veces se disfrazan de alemanes, franceses, italianos para lograr su propósito, pero esos disfraces sirven para esconder una identidad (histórica), no digo que sea su única identidad pero sí es la que está en juego. En el caso de Django, el disfraz del terrateniente maldito solo sirve para caricaturizarlo.

En fin, Django, con un director a media máquina esta vez, es una buena película si tenemos presente que no debe verse como una epopeya reivindicatoria de los negros o un discurso que nos llama a reflexionar sobre el tema de la esclavitud o el racismo como se anda sosteniendo ingenuamente en la lectura de algunos jóvenes incautos; sino como una película de acción con brillantes recursos visuales, actuaciones de personajes claves, más brillantes aún y una narrativa, a momentos, cautivante.

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Una respuesta a “Django sin cadenas y con filtro”

  1. alberto dice:

    Al fuerte escena de pelea de mandingos es a mi ver la más abyecta denuncia del racismo de aquel entonces

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