Mi niña veneno

La Revista

23aEmpezó a sentirse mareada. Con ese creciente malestar, al salir al patio de su casa, Juana Turpo encontró el trozo de un sobre de veneno. “A qué rata querrá matar mi hija” se preguntó desconcertada. Desde que tenían gato, no habían necesitado de matarratas. De pronto, sintió que las entrañas empezaban a derretírsele. Gritó de dolor. Ahí mismo, mientras empezaba a agonizar, Juana recordó con horror descorazonado, qué “L”, su hija mayor de 13 años, como nunca, había preparado temprano el desayuno. “L” le advirtió que si el sabor le parecía raro, era Quaker con chocolate y le dejó una taza en la mesa. Pero no era chocolate, el sabor era más bien el de la muerte.

Si Juana hubiera tomado inmediatamente ese Quaker habría muerto sin reconocer a su asesina. Pero preocupada en sus cosas, sin querer, dejó que se enfriara el cereal, tal vez igual como había dejado que el cariño de su hija se helara, también sin darse cuenta. Un rato después, cuando Juana se decidió a desayunar, para calentar el cereal, mezcló el contenido de su taza con lo que quedaba en la olla. Terciándolo de esa manera disminuyó la cantidad de ponzoña. Pero no lo suficiente, porque igual había ingerido dos tazas con el tóxico que….

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