Quién quiere a Steinbeck

Columna de letras

John Steinbeck (1902 -1968) es de los escritores controvertidos en vida y obra. Nació en un pequeño pueblo californiano: Salinas, condado de Monterrey, cuyas clases sociales más visibles eran los terratenientes y los campesinos. Los Steinbeck pertenecían a la primera. Los granjeros del condado de Monterrey era gente adinerada que experimentaba un auge de su producción. Los hijos de estos eran educados en las principales universidades  del país, en muchos casos para conducir los negocios de la familia. El joven John tempranamente se negó a ver el progreso de las lechugas y las sardinas enlatadas y, para colmo de la familia, se interesó en la literatura y en la vida de los trabajadores del campo y los obreros, sus costumbres, sus anhelos; al punto de ponerse a trabajar como obrero de construcción. Sin embargo, fue enviado a estudia ciencias biológicas en Stanford. Estudios que abandonó y se consiguió un trabajo como periodista: redactor en el  New York American para empezar a ser lo que ya había decidido ser: escritor. Contraviniendo a sus expectativas lo despidieron de este trabajo. Resultado de esa experiencia resulta Making of  a New Yorker (ensayo) y publica su  primera novela La copa de oro que le valió, recién, cierto reconocimiento como escritor, aunque sin ningún éxito editorial.

Contra todo, inicia una etapa muy productiva en la escritura. En 1932 publicó The Pastures of Heaven (Las praderas del cielo), un conjunto de historias situadas en la ciudad de Monterrey. Al año siguiente publicó El poni rojo. En 1935 escribió Tortilla Flat, novela por la cual recibió su primer premio literario, “La Medalla de Oro”, galardón concedido por el Commonwealth Club of California a la mejor novela escrita por un californiano. Hasta ahí, diríamos, hace el recorrido de un romántico. Y si bien su obra no está exenta de la tónica de esa tendencia, curiosamente resulta un escritor neo-naturalista, al menos según algunos críticos a quienes les asiste la razón si se considera las abundantes y detenidas descripciones de la pobreza de las clases trabajadoras. No obstante, a pesar de algunos lectores que gustan mucho de esto, aquí no está lo mejor de su narrativa, sino en su interés por las frustraciones y los fracasos del hombre. Intereses que lo ubican más bien con ese grupo de brillantes escritores como es la Generación perdida, aunque no se haya ni conocido con varios de ellos.

Las uvas de la ira, también traducida como Los racimos de la ira, hoy considerada como una de sus mejores novelas; cuando se publicó, literalmente desató la ira de los terratenientes y banqueros de Monterrey. Las ideas políticas de Steinbeck vertidas en esta novela resultaban un escándalo. Critica ásperamente al capitalismo y se muestra a favor de las reformas llevadas a cabo por  Franklin Roosvelt para favorecer a la clase trabajadora. Los terratenientes de su pueblo lo consideran un traidor a su clase y organizan hogueras donde queman sus libros. Sin embargo, al año siguiente recibe el Premio Pulitzer por esta novela mientras que, por otro lado, los críticos literarios más refinados lo siguen desdeñando como escritor, calificándolo de “melodramático”. En contraposición a esas opiniones, el gran director Jonh For haría su versión cinematográfica de Las uvas de la ira. Otro importante cineasta: Elia Kazan, hizo lo propio con otra novela de Steinbeck, Al este del Edén, protagonizada nada menos que por Jens Dean. En 1962, Steibeck recibe el Premio Nobel de literatura.

Ciertamente, en el universo narrativo de Steibeck se presenta siempre una clara oposición de clases sociales con una marcada intención reivindicatoria por las clases pobres. Lo que en vida le ha traído tantos líos. Para muestra un botón: La perla, novela breve, cuya historia conserva ecos de las leyendas populares. Trata sobre una familia de pesadores indígenas, cuyo hijo, un bebé de meses, es picado por un escorpión venenoso y el médico de la ciudad no lo atiende porque la familia no tiene dinero. Kino, el padre, desesperadamente bucea en las aguas de mar buscando lo imposible, un pequeña perla que pudiera salvarle la vida de su hijo. El recuerdo de que alguien alguna vez haya encontrado perlas en esas aguas se mezclaba con las leyendas. Inexplicablemente, Kino encontró la perla más grande y más hermosa que jamás se haya visto en el mundo. Sin embargo, esta no es la historia de hijo salvado, sino de la codicia y ambición que enciende en los hombres el valor de este objeto, de cómo su poder para trastornar las relaciones humanas es más peligroso y mortífero que el veneno del escorpión. La perla es, figuradamente, una joyita de la literatura cuyos efectos de lectura pueden ser inversos a los de la perla de la historia.

Actualmente, en el condado de Monterrrey los terratenientes ya no reniegan de Jonh Steinbeck y sus obras. Por el contrario, esas familias que antaño quemaban sus libros fueron los principales propulsores de la construcción del Naciotional Steinbeck Center, que cada año atrae miles de turistas.

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Una respuesta a “Quién quiere a Steinbeck”

  1. ciudadanoejemplar dice:

    En las uvas de la ira, Steinback llama las cosas por su nombre: A los banqueros, por ejemplo, ladrones. A los duenos de las tierras, abusivos. Asi mismo describe como a pesar de haber progresado el hombre en lo que se refiere a tecnicas de cultivo, aun los ninos siguen muriendo de hambre por la falta de comida. A mucha gente no le gusto. Pero dijo la verdad. Obviamente, existia ya en ese entonces la practica de llamar al que defiende al mas humilde, comunista. Cuando una cosa no tiene nada que ver con la otra. Ningun libro se pudo publicar sobre el tema de la sequia y la hambruna en Oklahoma hasta los anios 90. Asi de definitivo fue su trabajo.

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