JDC y su recto andar

La columna

foto la columna 10 abrPensando si debería, o no, escribir sobre este tema cuando ya parece una moda (ahora trend topic) y cuando, personas tan lúcidas y sobresalientes como César Hildebrandt, Pedro Salinas, Renato Cisneros, entre otros, le han dedicado ya sendos artículos a guisa de homenaje, feliz y raramente, cuando aún los puede disfrutar; casi lo desecho.

Entonces recordé que él ya había caído antes de ahora y se levantó, como si nada, entero. Muchas personas en el Perú, como yo misma, quisiéramos que eso vuelva a ocurrir ahora que ha caído bajo el peso de una enfermedad. Que se levante una vez más, se sacuda el polvo y siga andando, aunque le resulte muy difícil caminar derecho (chiste creado por él mismo, tras el célebre primer tuit de la primera dama).

Ya saben que hablo de Javier Diez Canseco, el diablo personificado por la “derecha cavernaria” (usando sus términos) de este país. Pero lo real es que yo lo vi caer una vez, en mi delante, “ahicito nomás”. Y se levantó con toda la naturalidad del mundo ante mi mal disimulado azoro. No mostraba vergüenza, ni confusión, ni se mostró agresivo o se puso en pose de víctima. Nada de nada. Sólo se paró y siguió caminando hacia el lobby del hotelito donde se hospedaba en Arequipa. Y donde le hice una de varias entrevistas, cada vez que venía a la ciudad.

Persuadida por la presión general de que el comunismo o el socialismo son ahora malas palabras y que las “juntas” izquierdistas no son en absoluto convenientes si uno quiere hacerse un lugar “decente” en nuestra sociedad; tenía que vencer mi propia resistencia para solicitarle una entrevista. Y casi avergonzada de ello, me esforzaba para parecer dura, que no se me acusara de haber sido complaciente con “el cojo”, como muchos lo llamaban. Es eso lo que me avergüenza ahora, más que la mala calidad de mis preguntas frente a sus respuestas siempre exactas.

Esta no es una loa formal y vacía hacia un hombre que enfrenta la muerte, probablemente muy cercana. Sólo digo, aunque parezca cliché y otros ya lo hayan dicho, que su consecuencia, coherencia e integridad son tan raras en este país, que la mayoría estaba predispuesta a negarle esas virtudes, hasta ahora. Nuestro vergonzoso Parlamento, lo avergonzó a él inmerecidamente, lo calumnió y lo humilló, no hace mucho, porque muchos de sus integrantes no estaban dispuestos a tolerar que alguien sea lo que ellos no son ni serán jamás. Ante esa confrontación, la palabra “comunista”, convertida en insulto, siempre fue el único argumento para enfrentarlo.

No adhiero ningún movimiento de izquierda en este país. El horror que me produce el recuerdo de Sendero y el comportamiento sinuoso, vil e hipócrita de muchos politiqueros autodenominados “luchadores sociales” me espantan y alejan de cualquier militancia o doctrina. Pero al constatar que existe una persona auténticamente militante de los ideales de justicia social; y al reconocer a varios líderes políticos que hoy están en esa senda como Verónica Mendoza, Marissa Glave o la propia Susana Villarán; pienso que hay que reclasificar la palabra izquierda en el vocabulario nacional y otorgarle la dignidad que perdió por culpa de algunos innombrables. Eso y desterrar a la llamada DBA, para dar paso a una derecha honesta intelectualmente y sensible desde su punto de vista, es lo que necesita el Perú. Si eso ocurre, también será mérito de Javier Diez Canseco.

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