Mamá quiero ser artista

Takanakuy

300px-Vincent_Willem_van_Gogh_135

Germán Rivera Pinto expuso, hace largos cinco años, una obra que se merece la más glamorosa pared del museo de arte moderno de Nueva York.  Sí que sí.

Rivera Pinto reprodujo, en formato grande, uno de los stickers que vienen con el popular masticable Chichiste. Si la memoria no me falla el chiste que se leía en aquel formato rezaba así:

Germán le dice a su mamá “Quiero ser artista”.

Jajajajaja.

 

En tiempos antiguos el arte fue visto como un oficio para locos. ¿Quién en su sano juicio podría soñar con dedicarse a un trabajo que a la larga lo haría morirse de hambre? Un artista en la familia tenía que ser un mal agüero, un repentino mechón de canas en la cabeza del padre, un sembrío de arrugas en el rostro de la madre, una larga conversación que finalizaba con un suspiro, una lágrima y ¿Oh Theodorus, qué hicimos mal? Van Gogh. Vincent Van Gogh, el arquetipo del iluminado kamikaze que vive para su obra, a pesar de su vida. Un paradigma, de los tiempos antiguos. Nadie mejor que Van Gogh para ejemplificar la desdicha y la locura que troquelan el camino del arte. A partir de su vida se han tejido todo tipo de leyendas que llueven con desesperación sobre cada aspirante a artista que aparece en el mundo.

De allí que la obra de Germán Rivera Pinto condense un análisis histórico de la concepción del artista en el imaginario mundial de una época reciente. Esa risa luego de la confesión vocacional es una poderosa imagen y como toda imagen dice más que mil palabras. Nadie tomaba en serio a los artistas. Pero, claro, eran tiempos antiguos.

En la actualidad, ser artista paga. Y paga bien. No sólo en el extranjero, aquí también. Sí, sí. A la vuelta de la esquina. Para comprobar, la primera feria internacional de arte del país llamada ART LIMA, que se alzó como el espacio más elitista de intercambio económico alrededor del arte que haya visto el Perú. Y si eso no es suficiente, el reciente rompimiento de Ramiro Llona, uno de los más exitosos artistas peruanos, con la galería Lucía de la Puente, por un tema también económico. Ambas experiencias  confirman con altoparlantes una verdad que se arrastraba silenciosa en el mundillo del arte nacional: Está moviéndose mucha, demasiada, excesiva plata alrededor del “arte” en la capital.

La razón es una sola: El arte ha dejado de ser arte para convertirse en una mercancía. El arte, asumido ahora como “producto” puede ser ensamblado, envasado, etiquetado y vendido como un automóvil o un vestido nuevo en cualquier supermercado.

El arte es una mercancía. Una mercancía porque se ofrece al mejor mercado. Porque existe un vendedor que le coloca un precio elevadísimo. Porque existe un comprador dispuesto a pagarlo. Porque existe un artista dispuesto a “crear” algo competitivo que pueda venderse a un monto mucho más disparatado. Porque existen personas que manejan espacios y códigos que se cierran en sí mismos para hacer del arte algo incomprendido (por lo tanto alejado, por lo tanto exclusivo, por lo tanto costoso). Porque nuestro modelo de éxito se basa en el dinero. El dinero.

Recuerdo el primer año en la escuela de arte. Todo bello, puro, nuevo. La intensidad de las conversaciones en los que se perseguía -como niños tras una cometa fugitiva- los significados de la palabra artista. ¿Qué es el arte? Todos lo sabíamos. No tenía que ver con el dinero. Porque el dinero es esclavitud por donde se le mire. Y el arte tiene que ser  ante todo, libertad. Libertad tal como nos lo indica la voz surgida al final de aquel hermoso documental brasileño llamado ISLA DE LAS FLORES:

“Libertad es una palabra que el sueño humano alimenta, que no hay nadie que lo explique y nadie que no la entienda.”

Aún estamos a tiempo. Hagamos del arte un ejercicio que se alimente de los sueños para mejorar el mundo y no una práctica que el dinero degenere a través de la compra.

También puedes ver

No se encontraron resultados

4 respuestas a “Mamá quiero ser artista”

  1. Chris dice:

    Buena entrada Augusto:

    A ver, te dejo algunas opiniones que me suscita tu artículo.

    Creo que quisieras decir que el arte antes era realmente arte y no una mercancía como lo es ahora, y esperas que el arte sea un ejercicio que alimente de sueños para mejorar el mundo. Me parece una visión extremadamente idealista del arte porque se han difundido muchos mitos al respecto.

    En primer lugar, aunque si bien el arte nos parece una mercancía que hoy que se encuentra en función del mejor postor, habría otro elemento que deberías tener en cuenta: la competición. Si las obras de arte se han encarecido notablemente en Lima, aunque parece que involuntariamente establecieras una comparación con Arequipa, ciudad a la que no ha llegado todavía ese boom, es porque los artistas de Lima ahora tratan de competir con sus contemporáneos de Buenos Aires, Sao Paulo o México, por ejemplo. Y por qué tratan de competir con esos otros focos generadores de arte? Porque ya disponen de los recursos para hacerlo. Entonces, crees que el arte de esas otras ciudades es cualitativamente y económicamente comparable con lo que se crea en Lima? Además a eso no solo se limita el arte regional. Los mejores artistas (o espacios creadores de arte) Latinoamericanosqueda van a tratar de competir con sus pares de, no sé, Paris, Tokio o Nueva York, por ejemplo. Ese arte, digamos de primera, no está encarecido? Como sabrás, se manejan cantidades fenomenales. Por lo tanto, eso no causaría que nuestro arte local tienda a reproducir ese fenómeno?

    En segundo lugar, para llegar a convertirse en artista hoy, cuesta y mucho, inclusive el hecho de mantener los sueños tiene un precio. Hay que invertir tiempo y recursos de toda clase y en la medida de lo posible, lamentablemente si no hay esa base, no va a haber obras destacables. Por supuesto que hay un margen para sacar muchas ventajas, pero si no hay una base estable, no se puede avanzar mucho. Si bien Van Gogh solo vendió un cuadro en su vida (acaso más?), había quienes le pagaban la renta, los viajes, los materiales y la comida. En esta época de un liberalismo radical, si no tienes eso no puedes ser un artista, y no solo las madres se van a reir de tal aspiración. Es un fuerte mito el que da la imagen de artistas que viven en un mundo aparte e independiente del cual saldrían grandes obras. Fíjate contra quién compites y veras los resultados de tus creaciones, Van Gogh solo lo hacía (más inconscientemente) contra Gauguin y otros de su entorno y no pensaba mucho en vender. A propósito, en un museo he tenido la oportunidad de ver el mismo cuadro de la habitación, y bueno no pude decir mucho, porque no tengo esa sensibilidad artística.

    Saludos,

    Chris

    • Augusto Carrasco dice:

      Resalto un fragmento de la editorial del primer número de una mítica revista llamada DISTANCIA CRÍTICA que espero sirva de respuesta Chris: “En tiempos incipientes del desarrollo capitalista, los escritores y artistas eran movidos por una pasión desenfrenada, pues sólo el que “no tenía razón” o aquel que poseía rentas prominentes y extravagancia, podían dedicarse a una profesión que lo condenaría a morirse de hambre. Ahora, el resplandeciente sistema editorial del primer mundo y los ansiosos compradores de novedades artísticas y literarias, permiten que cualquiera se dedique a las bellas artes alentado por la promesa de la publicidad y un público necesitado de distraerse con productos culturales…”

  2. alberto dice:

    1.-El arte es una pobre y triste cojudez humana…. el arte siempre fue y es una mercancia, paga por el mejor postor…y portanto los artistas no pasan de unos infelices mercenarios… el verdadero arte -si tal existe- es echo por aquellos que se expresan sin tener esperanza alguna de VIVIR Y COMER de ello. Como hobby.
    2.- a dios gracias que el arte esta en lugar que les corresponde: EN UN CAJA DE MERCENARIOS y para bien de la humanidad COPIADOS ilegalmente…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

SUSCRÍBETE A NUESTRO NEWSLETTER

SUSCRIBIRSE