¿Por qué no podemos vivir juntos y en paz?

Resacas

tejucole

 

IN MEDIAS RES: Hacia la mitad de la novela Julius –el protagonista de Ciudad abierta– viaja a Bruselas y conoce a Faruk, un marroquí que trabaja en un locutorio y conversa todos los días con gente de diferentes países. Faruk se pregunta por qué si en el locutorio parecen llevarse todos bien, no se pueden llevar así siempre. Why can’t we live together? (¿Por qué no podemos vivir juntos?) es también una vieja canción que trata el tema racial.

PERFIL: Julius –protagonista y narrador de Ciudad abierta, la novela de Teju Cole- es un psiquiatra nigeriano residente en un hospital de Nueva York. Le gusta caminar. Ha leído mucho. No le gusta el jazz pero sí Mahler. Evita llamar a una mujer en particular. Visita a su antiguo profesor de literatura, un japonés. Está muy enterado de lo que pasa en el mundo. Especialista en chinches, ballenas, pintores, fotógrafos; es un humanista cabal, un auténtico hombre del renacimiento.

AVISO: Julius es la encarnación de la alta cultura occidental, todo aquello por lo que Vargas Llosa suspira y añora en La civilización del espectáculo. Y es también lo que horroriza a Steiner (En el castillo de Barba Azul: el holocausto no es sino expresión final, última, de esa cultura). Planteado de otra manera: Günter Grass se preguntaba si era posible escribir después de Auschwittz, Teju Cole responde que no sólo se puede sino que Auschwittz mismo puede ser el gran escritor humanista que conmueva los corazones endurecidos por su propia barbarie. Podrá haber asesinado a millones pero es de una sensibilidad artística única (en un punto, la novela de Teju Cole es terriblemente descorazonadora).

PERFIL (2): Otra de las características llamativas de Julius es que le fascina la gente que ha sufrido o ha causado sufrimiento: Julius estaba por abandonar un bar cuando se enteró que los que departían alrededor no eran congoleños sino ruandeses, probables víctimas o victimarios de la matanza de 1994; pidió otra cerveza y se quedó a contemplarlos.

CITA: “Aunque no había alzado la voz, había en esas palabras una intensidad palpable. ¿Los palestinos construyeron los campos de concentración?, dijo. ¿Y qué hay de los armenios: como no son judíos sus muertos significan menos? ¿Cuál es el número mágico en el caso de ellos? Yo te diré por qué importan tanto los seis millones: porque los judíos son el pueblo elegido. Olvida a los camboyanos, olvida a los negros norteamericanos, el de los judíos es un sufrimiento incomparable. Pero yo esta idea la rechazo. No es un sufrimiento incomparable. ¿Y los veinte millones de muertos bajo Stalin? No mejora nada que te maten por razones ideológicas. La muerte es la muerte, así que, lo siento, los seis millones no son tan especiales. Me frustra todo el tiempo ese número, un número sagrado que, como dijo Khalil, se usa para terminar todas las discusiones. Los judíos lo usan para callar al mundo. A mí me importa un bledo la cifra exacta. Toda muerte es sufrimiento. Otros también han sufrido y en eso, en sufrimiento, consiste la historia.”

CODA: Ciudad abierta es una extraordinaria novela. Los primeros capítulos pueden parecer confusos –de hecho lo son- pero no es sino la voz de Julius que se va apoderando del lector, una voz tan compleja y fascinante como pocas… La duda final –sobre cierto acontecimiento- se instalará para siempre en el corazón del lector. Y no lo dejará en paz hasta, tal vez, releer la novela de cabo a rabo.

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Una respuesta a “¿Por qué no podemos vivir juntos y en paz?”

  1. La columna Resacas de Daniel Martínez Lira

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