Rolando Cornejo Cuervo y una nueva decepción judicial

La columna Mabel Cáceres Calderón

Cornejo y valdemar unsa

Una jueza, solo una entre muchos, se atrevió a mirarlo a la cara y decirle, mientras leía su sentencia, que lo que había hecho era muy grave y la sociedad no podía tolerarlo; que más allá de consideraciones personales, la pena que merecía, porque así lo establece la ley, era ir a prisión por el lapso de 3 años y medio.

Cornejo Cuervo se aterró. Acostumbrado a usar y abusar del poder casi ilimitado en su ámbito, que le dio el honorable cargo de Rector de la Universidad Nacional de San Agustín, simplemente no podía creerlo. Entonces se “movió” para evitar que una sala de la Corte Superior de Justicia de Arequipa confirmara la impecable sentencia que le acababa de ser leída. Un año después, la vasta red de influencias que tejió durante sus 10 años de rector, operó y lo salvo de ir a prisión.

Así se consumaron, en la impunidad, 10 años de delitos y barbaridades que trajeron abajo la imagen pública de la Universidad Nacional de San Agustín que, en poco tiempo, destruyó gran parte de la reputación académica de la que gozaba, con el otorgamiento masivo de” doctorados bamba”, los diplomas universitarios para secretarias, la corrupción y el saqueo abierto de sus recursos para beneficio propio y de sus allegados.

Como Cornejo Cuervo se creía inmune, incluso a la ley, cometió tantos disparates como abusos y la condena por el delito de Peculado era inevitable. Pero 3 jueces “bondadosos” redujeron la pena y decidieron suspender la prisión porque el condenado no se apellidaba ni Quispe, ni Mamani, ni Condori, o porque no era un simple carterista que no se atreve a mirar a los ojos a los jueces, o porque fue una “autoridad”, o porque aún tiene mucha influencia en la UNSA donde, quién sabe, alguna vez podrían dictar cátedra y, además de pavonearse con eso, podrían incrementar sus ingresos con un monto nada despreciable; o simplemente, porque algunos colegas los mirarían mal.

No sé si estas u otras fueron las motivaciones de los jueces. Lo cierto es que contradicen la sentencia ejemplar de una jueza que, hoy en día, ha sido promovida y contradijeron el principio -que tan rígidamente aplican en otros procesados- de no suspender la pena cuando se trata de un reincidente como es el caso de Cornejo Cuervo, quien ya ha sido condenado por Peculado en un proceso previo, ya consentido.

Tal vez los jueces autores de la generosa resolución: Cecilia Aquize, Orlando Abril y Víctor Raúl Zuñiga son personas correctas y duermen plácidamente por las noches sintiendo haber cumplido su sacrificado deber que, sin duda, lo es. Pero cuando, como en este caso, ceden ante la presión de los corruptos o al despliegue de poder de los mafiosos, por miedo, comodidad, o deseo de “evitarse problemas”, deberían pensar en la trascendencia de sus decisiones, en cuánto pueden  influir para que en la Universidad, la gran esperanza de movilidad social y desarrollo de una ciudad entera, se sigan cometiendo las atrocidades que, día a día, se perpetran contra la educación de calidad, contra el rigor, contra el mérito y la calidad, contra la transparencia y contra el libre pensamiento de sus integrantes.

Han pasado más de 10 años desde que Rolando Cornejo Cuervo, ebrio de poder, dispuso que los fondos universitarios pasaran a dar soporte al club Atlético Universidad, con lo que realizaba su sueño juvenil de dirigir un equipo de futbol. Las escasísimas y honrosísimas excepciones que, dentro de la comunidad universitaria, se opusieron a sus majaderías, fueron perseguidos, difamados, amedrentados y excluidos. La gran mayoría prefirió –como ahora los jueces- hacerse de la vista gorda y pecar de omisión. Otros, por supuesto, vendieron rápidamente su conciencia y avalaron la barbarie. Ahora, ellos han sido premiados con el olvido y los justos reciben el mismo mensaje: mejor no te metas en problemas. Y así, todo seguirá igual.

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