Adiós, Javier

El regreso

Adiós a Javier Diez Canseco

No conocí personalmente a Javier Diez Canseco Cisneros. Nunca lo entrevisté ni hablé con él, a pesar de haber entrevistado a muchos políticos en mi etapa de reportero y entrevistador. Recuerdo haberlo visto de cerca en alguno de los mítines de la Izquierda Unida en Arequipa, cuando Alfonso Barrantes lideraba la coalición y tentaba la presidencia de la República. En aquellas concentraciones casi siempre hablaban los distintos líderes de los partidos que conformaron la izquierda y uno de ellos era Javier.

Tenía el ceño fruncido casi siempre y defendía ardorosamente sus ideas en cuanto foro se presentaba, pero además, luchaba por los discapacitados y defendió varias de sus iniciativas legislativas en el Congreso hasta conseguir que se conviertan en leyes para hacer más humana la vida de las personas que tienen alguna discapacidad. De hecho él era un discapacitado, la poliomielitis afectó una de sus piernas cuando aún era un niño, por eso sus adversarios le llamaban el “cojo” Diez Canseco.

Era un hombre de izquierda y nunca renegó de sus ideas, sino que hizo de ellas su bandera de lucha y siempre buscó favorecer a las grandes mayorías, esas con las que se sentía identificado y por las que luchó la vida entera. Se podía discrepar de él y muchas veces mostró su inalterable posición frente a sus enemigos políticos sin claudicar un centímetro y fue víctima de las dictaduras, la militar y la fujimorista; fue un político íntegro y honesto y esos son atributos de los que carecen la gran mayoría de políticos que sólo buscan favorecerse del cargo y del poder.

Murió luchando contra el cáncer, no como quizá quiso morir, pero el destino le tenía preparado esta inesperada y desigual batalla que vence a diario a cientos de peruanos que ni siquiera tienen las oportunidades médicas para enfrentarla y eso para él también fue una preocupación y así lo hizo saber en pleno tratamiento en uno de sus últimos mensajes.

Se fue un gran hombre, un hombre íntegro y digno, por eso la familia pidió que todos aquellos congresistas que votaron por su injusta suspensión del parlamento no se acerquen a su ataúd, porque esa sería una actitud hipócrita típica de esos políticos que se acomodan a las circunstancias. Tampoco entrará al Congreso, el recinto que fue testigo de sus más ardorosos debates defendiendo sus principios, porque ese lugar no lo merece.

Javier Diez Canseco tenía el ceño fruncido y parecía estar siempre preocupado por lo que pasaba en el país, sin embargo cuando sonreía su expresión era la de un niño travieso e inocente, puro y honesto. Y así quiero recordarlo.

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Una respuesta a “Adiós, Javier”

  1. Héctor Cornejo dice:

    Una gran pérdida para el país, Omar. Y lo peor de todo es que no hay nadie en el Congreso, ni por asomo, que lo pueda suceder como político inteligente, informado y justo. No hay una sola figura que nos abra los ojos y diga las cosas como son, como lo hacía Javier. ¡Qué tristeza!

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